Estado de la Nación: mentira y tristeza

 

Estado de la Nación: mentira y tristeza

Primero habló Mariano Rajoy. La verdad es que usó la palabra de forma segura. Hizo un diagnóstico de la sociedad española, mostró un alto grado de satisfacción por su labor y argumentó con firmeza el respeto internacional que ha conseguido para España. Resulta difícil sostener con tanta tranquilidad tanta mentira. Es pasmosa la frialdad con la que el presidente cierra los ojos a la realidad, manipula los datos, ve brotes verdes donde hay abismos y se felicita a sí mismo por unas medidas que sólo han servido para aumentar el paro y empobrecer a la gran mayoría del país.

La sanidad pública está mejor que nunca, dice. Y no se le queda la cara blanca como las batas de los profesionales que llevan meses protestando en la calle por una política que destruye la sanidad pública. Va a ser el garante contra la corrupción, dice. Y no se le pone la cara negra como el dinero que ha financiado de forma ilegal las campañas electorales de su partido y la vida hogareña de su cúpula. Va a mejorar la educación y la investigación, y no se le pone la cara verde como las camisetas de los profesores y alumnos que han luchado durante meses contra la falta de medios y la destrucción de la enseñanza pública. Solucionará pronto el problema del paro, afirma, y no se pone rojo como las banderas de los sindicalistas que han denunciado su reforma laboral, responsable directa de que España se haya convertido en una fábrica de despido gratuito.

No, ningún signo de inquietud al mentir. No comprendo su costumbre de hacer declaraciones con los periodistas encerrados y mudos. La máscara imperturbable de sus mentiras es más segura que el silencio. Quizá le pintó esta máscara alguno de esos miembros de su corte mediática que, disfrazado de periodista, escribe los titulares de la actualidad antes de que sucedan los acontecimientos. Ninguna palabra más importante y más humillada a la vez en España que la palabra periodista.

La tristeza sucedió a la vergüenza. Alfredo Pérez Rubalcaba denunció las mentiras de Rajoy, y lo hizo también de forma segura hasta que los berridos de sus señorías empezaron a interrumpirlo. Pero en realidad la tristeza no fue consecuencia de la mala educación de los diputados hooligans del Gobierno. Provenía de un estado de conciencia anterior, algo que Rajoy aprovechó al recordar que Rubalcaba tiene una historia.

Es verdad. Era triste oír a Rubalcaba hablar sobre los peligros de la equivocada política de control del déficit cuando fue su Gobierno socialista el que pactó de forma precipitada y severa con la derecha un cambio constitucional para limitar el gasto público. ¡Maldito agosto de 2011 que cambio el rumbo de la democracia social! Y era triste oírlo hablar del dolor de los desahucios, cuando el PSOE utilizó sus votos como partido mayoritario durante años para detener las propuestas políticas que querían cambiar la injustísima ley hipotecaria. Y así, así, cuestión por cuestión, Europa por Europa, privatización por privatización…Tristeza.

El señor Rubalcaba estuvo serio y llegó incluso a proponer un buen programa alternativo de Gobierno. Pero el señor Rubalcaba tiene una historia, y las mentiras de Rajoy se movían como pez en el agua entre la historia de Rubalcaba. El PSOE tiene también su historia. Por eso debería darse cuenta de que la Transición se ha terminado. Las llamadas al turno bipartidista que hizo Rubalcaba, anunciando que su próximo Gobierno corregiría la política del PP, fueron despreciadas por Rajoy. Prefirió recordar que Rubalcaba, en el fondo y pese a la gresca, había hecho una política parecida a la suya cuando estuvo en el poder. La política de turnos ya no le hace falta a la derecha. Esa es la justificación de la temeridad de Rajoy.

La Transición ha terminado. El PSOE supuso siempre que la puesta en duda de la Transición vendría por los rojos radicales que se sienten republicanos, no respetan al rey y no comprenden que la confusión entre mercado, banca y modernidad es la insignia del futuro. Pues no. Resulta que es la derecha radical la que ha dado por muertos los pactos de la Transición. Está rompiendo todos los equilibrios. El PSOE corre un peligro gravísimo como no se dé cuenta de que la Transición ha muerto y que es necesario configurar una nueva realidad social. Ha facilitado el imperio en Europa y en España de unos monstruos marinos dispuestos ahora a dejarlo como un pez sin agua.

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Acerca de Juan Pedro Rica Peromingo

Profesor de lingüística inglesa en el Departamento de Filología Inglesa I (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado en Filología Inglesa por la UCM. Doctor en Filología Inglesa (área de lingüística de corpus y fraseología) por la UCM. Máster en enseñanza del inglés como lengua extranjera y traducción (Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, EE.UU.) y Máster Europeo en Traducción Audiovisual (METAV) (Universidad Autónoma de Barcelona). Profesor del Máster en Lingüística Inglesa: nuevas aplicaciones y comunicación internacional (departamento de Filología Inglesa I, UCM) y del Máster Europeo en Traducción Audiovisual (Universidad Autónoma de Barcelona). ... simplemente alguien muy romántico, apasionado, sincero y honesto, generoso (sobre todo de corazón), amante de la vida, leal con el resto... con tres "vicios" confesables: la música (sobre todo en directo), el cine y la literatura, especialmente la poesía, e interesado también en el teatro, la pintura, la educación, la política en mayúsculas, y la política social en minúsculas... y Lavapiés, mi barrio de adopción.
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