Acerca de Juan Pedro Rica Peromingo

Profesor de lingüística inglesa en el Departamento de Filología Inglesa I (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado en Filología Inglesa por la UCM. Doctor en Filología Inglesa (área de lingüística de corpus y fraseología) por la UCM. Máster en enseñanza del inglés como lengua extranjera y traducción (Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, EE.UU.) y Máster Europeo en Traducción Audiovisual (METAV) (Universidad Autónoma de Barcelona). Profesor del Máster en Lingüística Inglesa: nuevas aplicaciones y comunicación internacional (departamento de Filología Inglesa I, UCM) y del Máster Europeo en Traducción Audiovisual (Universidad Autónoma de Barcelona). ... simplemente alguien muy romántico, apasionado, sincero y honesto, generoso (sobre todo de corazón), amante de la vida, leal con el resto... con tres "vicios" confesables: la música (sobre todo en directo), el cine y la literatura, especialmente la poesía, e interesado también en el teatro, la pintura, la educación, la política en mayúsculas, y la política social en minúsculas... y Lavapiés, mi barrio de adopción.

Feliz cumpleaños, Håp.

Hoy, por fin, una buena noticia: es el primer cumpleaños de Håp. Un año ya desde que apareció en mi vida. Un año de mucho amor, de mucho cariño, de mucho cuidado, de absoluta lealtad, de muchas sonrisas, de muchos momentos felices, de muchos juegos… feliz cumpleaños, mi querido y amado Håp.

Gracias por existir. Gracias por lo que me has dado en este último año, tan duro como el anterior. Por muchísimos años más. Por muchísimos cumpleaños más. Por muchísimo más amor y lealtad. Al menos, tú y yo juntos.

Te quiero, Håp. Te quiero con toda mi alma.

¡Felicidades, mi chiquitín!

LEAD-ME COST Winter Training School

New LEAD-ME COST Winter Training School.

November 15-17, 2021

Facultad de Filología, UCM

juanpe@ucm.es

https://lead-me-cost.eu/events/leadme-events/

El CNLSE cumple 10 años como centro asesor y de referencia en lengua de signos española

El Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos Española (CNLSE), del Real Patronato sobre Discapacidad, celebra su décimo aniversario como centro asesor y de referencia en lengua de signos española.

Constituido por la Ley 27/2007, de 23 de octubre, con la finalidad de investigar, fomentar, difundir y velar por el buen uso de la lengua, observada la transversalidad en las políticas y líneas de acción en cualquiera de los ámbitos de actuación pública, y el Real Decreto 921/2010, de 16 de julio, que establece su regulación, vio la luz casi tres años después de la aprobación de esta ley, comenzando así su andadura el 1 de junio de 2011.

El CNLSE atesora la lengua de signos española como parte de los bienes del patrimonio lingüístico y cultural general, y vela para que los intereses de la comunidad signante sean tomados en consideración con el objeto de garantizar sus derechos lingüísticos.

Audiodescripción: atrápala si puedes

Audiodescribir un contenido, que conlleva el análisis del mismo, elaboración de un guión y la posterior locución, para, por fin, emitirlo y guardarlo en un cajón indica en qué lugar quedamos los espectadores ciegos

Nuria del Saz

@ndelsaz

9 de enero de 2021 22:55h

A menudo me valgo de este atril escrito para reclamar la accesibilidad de los medios audiovisuales. En concreto, más contenido audiodescrito en televisión. Películas, documentales, series y, cómo no, programas. Uno no es consciente de lo que se pierde hasta que lo prueba.

La pasada Nochevieja, pusimos La Primera en casa para ver las campanadas. Se da la circunstancia de que estrenábamos televisor. Al instalarlo, mi marido le dejó activada la opción de la audiodescripción y nos habíamos olvidado del tema. Mi consumo de televisión se circunscribe a algunos informativos y poco más. Además, hace tiempo que renuncié a ver la televisión en el televisor. No sé en sus casas, pero en la mía hay varios mandos y mi cabeza no da para memorizar su funcionamiento. El friquismo de mi familia es tema aparte, pero el televisor no es ese aparato que se usa solo para ver la tele, sino que está hiperconectado a otros tantos cacharros que a mí no me interesan nada por su falta de accesibilidad. Así que hace tiempo que prácticamente solo consumo televisión en el móvil. La verdad. Es tan cómodo hacer un gesto sobre la pantalla del Smartphone y ver una serie o una película. Por no mencionar que, a veces, las plataformas como Netflix ofrecen una versión con audiodescripción. Casi siempre en inglés o español latino, como la de los Bridgerton, que me la vi enterita como antaño las películas, con ese acento latino neutro. Pero es lo que hay, pese a que la Ley General de la Comunicación Audiovisual nos reconoce el derecho a las personas ciegas al acceso universal a la comunicación audiovisual de acuerdo con las posibilidades tecnológicas, que hoy por hoy son todas, si no, que se lo digan a Netflix.

Este año tenía especial empeño en ver el programa de Nochevieja de José Mota. Para mi deleite, observamos que ofrecía versión audiodescrita. Una gozada poder disfrutar de un espacio de humor de forma accesible. Pero ya saben que en las cenas de Nochevieja, a menos que uno esté solo, a lo más que se puede aspirar es a tener la tele de fondo. Así que me las prometí muy felices. Ya me veía el uno de enero, arrebujadita en el sofá, pasando una tarde estupenda con José Mota y su sutil agudeza.

No hay comparación entre ver un programa de humor sin audiodescripción y el mismo programa audiodescrito. 

Todo era demasiado hermoso para ser verdad. El programa, y los de los últimos años, estaba disponible en la televisión a la carta de TVE, pero ni rastro de la versión audiodescrita. Probé en Youtube. El propio José Mota sube a su canal el programa, pero, una vez más, ni rastro de la audiodescripción.

En vista de mi incapacidad para encontrar el programa, escribí directamente por Twitter a los de Televisión Española. Aún resuena el eco de mi pregunta. Debe ser que no hay nadie al otro lado para, al menos, ofrecer una respuesta.

Me duele no solo el silencio del ente público. Me duele que la accesibilidad se desprecie de esa forma. La Ley 7/2010 de Comunicación Audiovisual obliga a las televisiones a ofrecer al menos dos horas a la semana de contenido audiodescrito. Consigna expresamente que los poderes públicos y los prestadores del servicio fomentarán el disfrute pleno de dicho contenido para evitar cualquier repercusión negativa. Justo. Pero el desinterés por las audiencias con discapacidad visual es patente con estas malas prácticas. Generar la audiodescripción tiene un coste económico y un enorme impacto en la autonomía de las personas ciegas. Audiodescribir un contenido, que conlleva el análisis del mismo, elaboración de un guión y la posterior locución, para, por fin, emitirlo y guardarlo en un cajón indica en qué lugar quedamos los espectadores ciegos. ¿La accesibilidad? ¿La audiodescripción? Atrápala si puedes.

https://www.eldiario.es/retrones/audiodescripcion-atrapala-si-puedes_132_6735873.html

Pero ojalá estuvieran

Javier Marías

El País, 9 ENE 2021 – 23:46 CET

https://elpais.com/elpais/2021/01/04/eps/1609781495_830952.html

A mi madre la recuerdo escribiendo y leyendo, poesía de Machado, Juan Ramón, Lope, cuando le quedaba tiempo

Esta columna (mis disculpas por el sesgo melancólico) la empiezo el 15 de diciembre, día en que se cumplen 15 años de la muerte de mi padre. Dentro de 9 días más, el 24, se cumplirán 43 de la de mi madre. Imaginarán que hace ya mucho que para mí es un mes fatídico, y estoy acostumbrado a que las fiestas navideñas no existan. Mi madre no murió en Nochebuena, sino en la anterior madrugada. A partir de entonces la familia se dispersaba: los hermanos que la tenían propia, se quedaban con sus hijos. Los que no, y el padre, nos íbamos a casas de amigos, a lo que Benet (que me acogió durante un tiempo) llamaba “cenas de huerfanitos”; o bien nos reuníamos con algún soltero o soltera, veíamos una buena película, tomábamos las uvas, charlábamos, reíamos. No fueron malas Navidades. Tampoco lo serán, por tanto, las actuales: conozco las celebraciones solitarias o en las que era un “recogido”. Claro que en las últimas décadas varió la cosa. En Nochebuena me reunía con hermanos y sobrinos, en Nochevieja estaba con mi mujer en otro sitio. Esta vez andaremos separados, pero no en el pensamiento.

Pero quería rememorar un poco a mis padres, porque ya se aleja el momento en que desaparecieron. Mucho más en el caso de mi madre, a la que recuerdo a la vez con extrema nitidez y bruma, hace tanto que no la veo. Tanto que soy unos años mayor que ella, yo tenía 26 en 1977, 54 en 2005, en tal fecha como hoy. Así, hace menos que no veo a mi padre, y además lo seguí viendo durante los 28 años que transcurrieron entre una y otra muerte. De él guardo un montón de imágenes sin ella, de ella pocas sin él. De hecho, la desolación de mi padre fue tal que en 1978 regresé a Madrid, y a su casa, para hacerle algo de compañía (entonces quedábamos solteros los dos hijos menores, Álvaro y yo, y él se casó en 1982). Así que me quedé en la casa familiar, y a los entrevistadores que me preguntaban al respecto les contestaba la verdad: en realidad compartimos piso, como dos solteros o dos viudos, y cada uno habita su zona. Pero coincidíamos, ya lo creo. No sólo al almuerzo (claro, no en las épocas en que viví en Oxford, Venecia o Massachusetts). Él procuró estar siempre activo y en su viudez escribió numerosos libros. Si le preguntaban de dónde sacaba los ánimos, contestaba: “De ella. Tengo la sensación de que se los debo a ella, estos libros. De que le habría gustado que los escribiera”. También viajaba con frecuencia a sus cursos y conferencias, y supongo que el ímpetu lo sacaba también de lo mismo. Y leía, o releía a sus favoritos de antaño: todo Sherlock Holmes, todo Simenon (desde los años 60 le oí afirmar que merecía el Nobel más que nadie), muchos Dumas. Y tras cada relectura escribía artículos sobre ellos, o sobre Baroja o Valle. Dos son las principales imágenes de mi padre: ante la máquina y sentado en su sillón con un volumen en las manos y las gafas quitadas. Y hablábamos mucho, me contaba, le contaba. En política tendíamos al desacuerdo, y a veces me miraba con una especie de lástima comprensiva y resignada, acaso la misma que le dedicaba yo a él, desde la impertinencia de mi mucha menor edad y mayor vehemencia. Ambas cosas se me han corregido, la primera totalmente, la segunda en parte. A mi madre también la recuerdo escribiendo y leyendo, poesía de Machado, Juan Ramón, Garcilaso, Lope, cuando le quedaba tiempo. Pero mi memoria está más centrada en mi infancia, y sé que cuatro niños dan inmensa tarea. Nos llevaba al colegio por la mañana, demasiado abrigados en invierno (antes de entrar nos quitábamos apresuradamente las bufandas de la cara, no nos vieran así los compañeros); nos recogía a la salida sin falta. Al haber perdido al primogénito, vivió siempre temerosa por la suerte de sus otros niños, hasta el punto de que pretendía que, en verano, fuéramos a nadar al Duero provistos de minialbornoces para después del baño. Huelga decir que jamás nos los pusimos. Ahora que soy mayor, lamento sus preocupaciones, su angustia, y por supuesto los numerosos disgustos que le di, desde niño y hasta mis 26, cuando todavía era “un calavera”. Es lo que me llamó una noche —tendría yo 17— al verme llegar a las tantas con los zapatos en la mano para no despertarla: “No te da vergüenza, la viva imagen de un calavera de chiste”. En realidad mi precaución era superflua: creo que nunca se durmió del todo hasta sabernos a los cuatro en casa. Hoy veo a madres iguales, que nunca descansan temiendo por sus hijos e hijas y por los disparates en que incurrimos todos en la juventud. Me inspiran cariño y pena. No quiero imaginarme sus padecimientos en este 2020. Mi padre habría sido otra cosa: habría sido prudente, pero no se habría arredrado. Ojo, tampoco ella (los dos atravesaron la Guerra en el Madrid peligroso de bombardeos y “paseos”, él con uniforme republicado a ratos): habría sufrido por sus niños, si en 2020 hubiéramos sido niños. Mi padre lo habría pasado fatal viendo la situación política, los intentos de destrucción de lo más logrado de nuestra infortunada historia, el encono que prevalece hasta sobre la peor epidemia, la cual nada importa a nuestros dirigentes, dedicados a colocar sus piezas, sólo a eso. Mi padre y mi madre ya no están, ya no sufren. Algo es algo. Pero ojalá estuvieran.

Los recortes en Sanidad matan

Desde el último fin de semana de junio, en Madrid y en el resto del territorio nacional, hemos entrado en la «nueva normalidad». Nueva normalidad, ¿para quién? Para muchxs de nosotrxs –especialmente para las víctimas de la covid-19 y para aquellxs que hemos perdido a seres queridos– nada será «normal» a partir de ahora. No puede haber normalidad cuando todavía podemos contagiarnos, cuando el virus no se ha marchado y cuando no hay ni siquiera una vacuna para combatirlo.

Durante estos cuatro meses muchas cosas han pasado a mi alrededor. Sin duda, la más dolorosa, trágica y que más me ha marcado para el resto de mi vida, ha sido la muerte de mi padre a causa de la covid-19. Esta es la principal razón por la que no he participado apenas en las redes sociales durante este tiempo: la incapacidad, la falta de ganas y de fuerzas para poder decir nada en Facebook o en Instagram.

Pero, también, otra de las razones, sobre todo en lo que respecta a posicionamientos y opiniones políticas, ha sido que desde el principio me propuse no «entorpecer», no «atacar», «no criticar» las acciones que tanto el Gobierno como las autoridades sanitarias estaban llevando a cabo. No era momento de poner «palos en las ruedas» a aquellxs que estaban intentando controlar la pandemia, controlar el virus, salvar la mayor cantidad de vidas posibles y ayudar a la mayor cantidad de personas posibles. Algo que, desgraciadamente, la oposición indecente, rastrera y obscena del Partido Popular, de Vox y de Ciudadanos (en menor medida, pero también) no ha hecho en ningún momento. Y así me he mantenido hasta el momento. Y me he tenido que morder mucho, muchísimo la lengua cuando veía cómo la ultra derecha del Partido Popular y de Ciudadanos y la ultra-ultra derecha de Vox han utilizado la muerte de ciudadanos como mi padre para tumbar al Gobierno de coalición a toda costa, sin importar el sufrimiento de los demás, sin importar el daño que sus ataques, sus bulos, sus mentiras, su insensibilidad y sus manipulaciones estaban provocando en muchxs de nosotrxs. Y junto a ellxs, toda la caverna mediática que, como voceros de lxs fascistas, han seguido a pies juntillas las indicaciones del tripartito de ultraderecha.

Ahora ya sí puedo (y quiero) hablar No porque tenga más fuerzas que antes, que no las tengo. Pero sí quiero decir ya alto y claro que responsabilizo de la muerte de mi padre directamente al Partido Popular. Por un lado, al Partido Popular de la Comunidad de Madrid (desde los gobiernos del megalómano y corrupto Ruiz Gallardón, a la impresentable, inepta y mentirosa Ayuso, pasando por lxs corruptxs y ladronxs Aguirre, González y Cifuentes), en los últimos años con la complicidad de Ciudadanos y de Voz, y, por otro lado, al Partido Popular nacional –sobre todo durante los gobiernos de Mariano Rajoy– por los recortes indecentes, abusivos, injustos, destructivos, vergonzosos y escandalosos que aplicaron a la Sanidad pública española y, en concreto, a la sanidad pública madrileña.

Cuando durante todos los años del gobierno de Rajoy y del PP de la Comunidad de Madrid, la Marea Blanca con miles de sanitarios salió a la calle, con el apoyo en las manifestaciones de muchxs de nosotrxs, gritando y denunciando que «los recortes en sanidad matan», no era un slogan como otro cualquiera: ellxs, el personal sanitario que vive con las enfermedades diariamente y conoce como nadie la situación en los hospitales y en los centros de salud, sabía perfectamente que los tijeretazos y las privatizaciones en la Sanidad pública iban a traducirse en muertes, en falta de atención, en colapsos en los hospitales, en falta de recursos, en falta de personal… Ellxs y muchxs de nosotrxs gritábamos «los recortes en sanidad matan». Y los recortes han matado. Han matado a miles de madrileñxs, entre ellos mi padre. Por eso os responsabilizo, gobiernos populares del Estado y de la CAM, de la muerte de mi padre. Nunca os perdonaré que hayáis primado el dinero, el robo sistemático de las arcas públicas, las ayudas a vuestros «amiguitos» en las privatizaciones, a la salud pública a la que toda la ciudadanía tiene derecho. Recortasteis en personal sanitario, recortasteis en medios, recortasteis en prestaciones públicas… Sois la vergüenza de la política española y europea. Vuestra actitud destructiva durante todos vuestros gobiernos y ahora, durante estos meses de pandemia y confinamiento, es deplorable y repugnante. Sois de las peores lacras que podemos sufrir en este país, vosotrxs y vuestrxs amigxs fascistas de Vox y, en menor medida, pero también, de Ciudadanos. Como tripartito de derechas no habéis hecho más que daño a este país y, desafortunadamente, me temo que lo seguiréis haciendo porque lo único que os interesa es obtener réditos políticos, hasta de los muertos. Me producís desprecio, asco y repulsa. Espero que la justicia, por un lado, y la historia, por otro, os ponga en el lugar al que pertenecéis: la vergüenza de haber provocado, por vuestra inacción en la financiación de la Sanidad pública madrileña y en las residencias de mayores madrileñas, la muerte de muchxs ciudadanxs, incluyendo, repito, la muerte de mi padre.

No siento odio. Solo puedo sentir desprecio, asco y repulsa por vosotrxs. Y ese desprecio, ese asco y esa repulsa permanecerán conmigo siempre.

El Gobierno tendrá que asumir sus responsabilidades por los errores que se han cometido, claro, sin lugar a dudas. Estoy convencido, de todos modos, de que las cosas hubieran sido todavía peores si un tripartito fascista de derechas hubiera estado en el Gobierno central, por muchos errores que el Gobierno de coalición haya cometido (que los ha cometido) y por los que tendrán que dar respuesta cuando sea el momento de hacerlo. Agradezco, de todos modos, la voluntad de este Gobierno para solucionar lo mejor posible algo para lo que nadie estaba preparado, ni gobiernos ni ciudadanxs.

Y agradezco, ahora sí, todas las muestras de afecto, de cariño, de comprensión, de apoyo, de calor y de amor que he recibido durante todos estos meses tan dolorosos, desde el día del fallecimiento de mi padre hasta estos momentos. Y los que continúan con ese afecto, con ese cariño, con esa comprensión, con ese apoyo incondicional, con ese calor y con tanto, tanto amor que sigo recibiendo a día de hoy. Solo puedo sentir agradecimiento a todxs vosotrxs. Solo puedo agradecer no dejarme caer ni abandonarme, a pesar de la «soledad impuesta» durante todos estos meses de confinamiento.

Lxs que no tendrán que asumir ningún tipo de responsabilidades son lxs únicxs que durante todo este tiempo han luchado desinteresadamente por lxs demás, han luchado por salvar vidas, arriesgando sus propias vidas por salvar las de lxs demás, han llorado y sufrido por aquellas vidas, como la de mi padre, que no pudieron salvar. El personal sanitario y todxs lxs trabajadores de hospitales, centros de salud, UVIS móviles y atención sanitaria. Por vosotrxs, no puedo sentir más que gratitud infinita y todo mi apoyo, ahora y siempre. Seguiré luchando por vosotrxs y por mejorar vuestras condiciones sociales y laborales porque, indirectamente, vuestras reivindicaciones y mejoras supondrán mejoras para el resto de la ciudadanía.

Y también agradezco a aquellxs con lxs que he compartido los aplausos de las 8 de la tarde todos los días, lxs vecinxs, aquellxs que ni siquiera conocía, lxs que han trabajado durante todos estos meses porque pudiéramos alimentarnos en los supermercados, por lxs que han trabajado para que las tiendas pudieran estar abiertas, por lxs que han trabajado y atendido en las farmacias, por el personal de limpieza, por lxs trabajadorxs que han llevado productos de todo tipo a las casas, también arriesgando sus vidas por todxs lxs demás que estábamos confinados, por todxs lxs trabajadorxs públicxs. Y por toda aquella ciudadanía que ha respetado el confinamiento y que sigue respetando las normas y obligaciones que todxs tenemos para controlar la pandemia.

Una «nueva normalidad» para algunxs. Una situación distinta para otrxs. Nada será normal, nada será igual a partir de ahora. Al menos, para algunxs de nosotrxs.

Seguiré gritando que los recortes en Sanidad matan.

Por ti, papá, y por todxs lxs que han fallecido como tú.

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