¿Se puede ser más ruin y miserable? Parte I

No, no se puede ser más ruin y miserable que este personaje que tuvimos que sufrir durante 8 interminables años como Presidente del Gobierno español con sus mentiras, sus engaños, sus locuras, sus aires de grandeza, su prepotencia, su favoritismo a los que más tienen, sus miserias, sus ataques a los que afortunadamente no pensamos como él y no somos como él (sí, Sr. Aznar, yo soy uno de esos terroristas perteneciente a la izquierda más radical de este país -según usted- que no comparte sus opiniones, y bien orgulloso que estoy), que seguimos sufriendo cada dos por tres cuando aparece en los medios, y que seguiremos sufriendo continuamente cuando, ávido de protagonismo y hambriento de popularidad, escupa por su boca sandeces, mentiras, injusticias, incongruencias y estupideces como las que aparecen en la entrevista concedida a El Mundo recientemente (¡cómo no!, ¿dónde si no podrían estar interesados en sus locuras?).

La entrevista (en dos posts porque en uno no me deja publicarlo) no tiene desperdicio. Y la fotografía que incluye la entrevista, tampoco… Me produce rabia, impotencia, malestar general, ganas de gritarle… ¡Cuánta locura, prepotencia y arrogancia habita en las cabezas de algunos!…

Agosto 28, 2008…7:43 pm, El Mundo

Entrevista con José María Aznar en “El Mundo”

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/08/27/espana/1219870153.html

PROTAGONISTAS DE 30 AÑOS DE DEMOCRACIA

Aznar: ‘Dejé como herencia el país más rico de la historia de España’

  • ‘La Constitución está siendo gravemente vulnerada con la complicidad del Gobierno’

  • ‘Ni negocié ninguna tregua con ETA, ni estuve dispuesto a aceptar condiciones’
  • ‘Claro que cometimos errores en el 11-M, pero no intentamos mentir’


«El PSOE pagará su deslealtad en el 11-M»

Presidente del Gobierno entre 1996 y 2004, logró que la economía española alcanzara una fuerza considerable. Optó por no presentarse a un tercer mandato y, antes de su retirada, tuvo que hacer frente al 11-M, el peor atentado de la Historia de España, que costó las elecciones al PP tres días después. Ahora preside la Faes y en el último congreso del partido ha mostrado sus diferencias con Rajoy.

ESTHER ESTEBAN

Pregunta.- La Constitución Española cumple 30 años. ¿En qué nos hemos equivocado y en qué hemos acertado?
Respuesta.- Tenemos más aciertos que equivocaciones. La doble transición de una dictadura a una democracia, y de un país semidesarrollado a un país próspero, más la presencia y normalización internacional de España, son las tres cuestiones más relevantes. En esos 30 años ha habido muchos desafíos, y buenos y malos momentos. Reconocer la pluralidad de España y organizar el estado autonómico fue un acierto, pero no saber ponerle límites a esa configuración territorial es el mayor error que se ha cometido.

P.- Fraga metió a la derecha española en el redil democrático, pero ustedes apenas han conseguido gobernar ocho años, siempre bajo la sospecha del franquismo. ¿Por qué?

R.- Pues probablemente por la actitud de la izquierda de intentar deslegitimar políticamente a la derecha española, de imputarle un pecado original como herederos del franquismo que nosotros siempre rechazamos y de intentar crear lo que modernamente se han llamado cordones sanitarios. Es decir, organizar las cosas de tal manera que el hecho de que la derecha española pudiera gobernar fuera excepcional, de tal forma que, si ganaba, gestionase su herencia sin modificar las cosas, y al cabo de pocos años se volviera a la normalidad, que para ellos es un gobierno socialista. Eso ha sido siempre una tradición del PSOE, lo hizo ya en la República y lo ha hecho ahora intentando crear esas barreras para impedir las alternativas democráticas en España.

P.- En 1990, usted tiene claro que hay que hacer un profundo cambio generacional en el PP. ¿Qué dificultades encuentra para hacerlo?

R.- La derecha española hace una cosa bien, que es la Transición democrática. Eso no podría haberse hecho sin el protagonismo de la UCD. El siguiente paso fue articular una derecha popular, y eso es lo que hace Fraga, que extiende las bases de la derecha, pero es una derecha perdedora. Después de varias crisis y del gran cambio que se produce, es cuando nace el PP, en el 89, y se convierte en una derecha homologable a cualquier derecha de Europa, una derecha ganadora, unida y con una fuerza de convicciones internas muy grande. Y eso ha funcionado bien hasta ahora.

P.- Con su llegada a La Moncloa se rompe el maleficio de que la derecha no puede gobernar España. ¿Había un miedo real a que ustedes gobernaran?

R.- Ahí se produce el hecho natural de la alternancia democrática. Que gobernase el PP era un factor de normalidad democrática que superaba viejos recelos. Había tópicos, con campañas absurdas como que el PP iba a quitar las pensiones, cerrar los hospitales, etcétera. Todas esas cosas de las que, en gran medida, sigue viviendo la izquierda, porque tiene poco que ofrecer.

P.- ¿Cómo fueron los primeros momentos de traspaso de poder teniendo en cuenta que sus relaciones con los socialistas eran muy malas?

R.- La herencia que yo recibo es muy mala. Consistente en una inflación al 6%, un déficit público del 7%, un desempleo del 24%, la Seguridad Social en suspensión de pagos, un endeudamiento muy preocupante, un desequilibrio externo enorme y además sin cumplir ninguno de los requisitos de Europa. Recibí esto, y dejé como herencia el país más rico de la Historia de España. Eso no fue nada fácil. Desde el punto de vista formal, yo tuve un par de conversaciones con mi predecesor, sin mayor trascendencia; y desde el punto de vista de lo que significa la entrega de los dossieres, documentos o asuntos pendientes, no recibí nada.

P.- ¿Se llegó a ver a solas con Felipe González? Porque él le despreciaba.

R.- Tuve un almuerzo con él que convocó Adolfo Suárez en un intento de mediación. González no me apreciaba, pero eso fue un problema para él, no para mí. Durante el año en que él fue jefe de la oposición, hablamos varias veces sobre la entrada de España en la estructura militar de la OTAN, y él lo aceptó porque estaba arrepentido de haber hecho el referéndum.

P.- El hecho de que usted no levantara alfombras después de Filesa, el GAL, Roldán, etcétera, ¿fue un acierto o un error?

R.- Lo dije desde el principio, que prefería abrir las ventanas que levantar las alfombras. No llegábamos al Gobierno para revisar el pasado sino para construir el futuro. Veníamos a cambiar las cosas, y las cambiamos.

P.- Una cuestión decisiva es que usted consigue pactar con los nacionalistas, con Pujol y Arzalluz, algo que parecía imposible.

R.- Antes de ganar yo había tenido muchas conversaciones con ellos, y aunque con profundas discrepancias, esas relaciones eran bastante normales y francas -más con CiU que con el PNV-. Cuando ganamos en el 96, las presiones eran muy fuertes, porque había una operación en toda regla para impedir que el PP llegara al poder, con entresijos muy profundos que en algún momento se sabrán.

P.- ¿Cómo cuáles? ¿A qué entresijos se refiere?

R.- Le digo que con el tiempo se podrán saber, todavía no. El hecho es que encargué a Rato las conversaciones con CiU, y a Mayor Oreja, con el PNV. Con la única condición de que los acuerdos fueran públicos y transparentes, y lógicamente que no afectaran a la esencia del proyecto del PP. Se trataba de que se produjese un hecho nuevo, de normalización democrática, donde la derecha española podía pactar con los nacionalismos sin que nada se resquebrajase. El resultado de eso fue un proyecto de más España.

P.- ¿Qué significó el pacto del Majestic? ¿Confiaba en que podía cerrar el modelo autonómico?

R.- Mi relación con Pujol fue muy buena, de respeto y lealtad. Le dije que todo el desarrollo autonómico llega un momento en que tiene un límite. Sabía que los nacionalistas, tarde o temprano, tendrían que elegir entre transgredir el límite o mantener la lealtad constitucional. Y, sinceramente, creo que hice todos los esfuerzos posibles para que estuvieran en la lealtad constitucional. Desgraciadamente, las cosas no fueron así. El caso del PNV fue diferente, porque había suscrito con ETA el pacto de Estella, y eso fue un desafío muy grande. Su deriva soberanista era muy clara y su deslealtad, también. Pasados los años se ha visto que el régimen constitucional del 78 ha durado hasta 2004. Cuando se intenta modificar la Constitución por la puerta de atrás, con la complicidad del Gobierno, podemos entender que la Constitución del 78 está siendo gravemente vulnerada.

P.- ¿Usted consideró en ese momento a Pujol más hombre de Estado que a Arzalluz?

R.- Hay diferencias entre ambos, evidentemente. Tuve una relación muy franca con los dos. Ambos sabían cuál era mi pensamiento, y se dieron cuenta desde el principio de que yo no iba a aceptar una vulneración constitucional. Tuve más reuniones con Pujol que con Arzalluz. No puedo decir que tenga una relación de amistad con el ex presidente de la Generalitat, pero sí de confianza política y de respeto mutuo. Creo que ha sido uno de los grandes políticos de esta etapa constitucional, aunque tenga con él grandes discrepancias.

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Acerca de Juan Pedro Rica Peromingo

Profesor de lingüística inglesa en el Departamento de Filología Inglesa I (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado en Filología Inglesa por la UCM. Doctor en Filología Inglesa (área de lingüística de corpus y fraseología) por la UCM. Máster en enseñanza del inglés como lengua extranjera y traducción (Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, EE.UU.) y Máster Europeo en Traducción Audiovisual (METAV) (Universidad Autónoma de Barcelona). Profesor del Máster en Lingüística Inglesa: nuevas aplicaciones y comunicación internacional (departamento de Filología Inglesa I, UCM) y del Máster Europeo en Traducción Audiovisual (Universidad Autónoma de Barcelona). ... simplemente alguien muy romántico, apasionado, sincero y honesto, generoso (sobre todo de corazón), amante de la vida, leal con el resto... con tres "vicios" confesables: la música (sobre todo en directo), el cine y la literatura, especialmente la poesía, e interesado también en el teatro, la pintura, la educación, la política en mayúsculas, y la política social en minúsculas... y Lavapiés, mi barrio de adopción.
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