Amor infinito

¿Sabes?,
Aún recuerdo nuestra primera mirada,
Aún recuerdo nuestras primeras palabras,
Nuestro primer roce,
Aún recuerdo que salió bien,
Que nos gustamos al instante.
Tú me mirabas, yo te miraba,
en el rincón del barrio
Y nuestras miradas se cruzaban,
Y nuestras sonrisas se mezclaban,
Y tratando de huir se esfumaban,
¿Por qué tenemos miedo?,
¿Por qué a veces es tan difícil hablar?

La noche te trajo a mi,
Tu decisión hizo que mi miedo se alejase,
Que nuestro amor empezase a manifestarse,
Salir de ese letargo que parecía eterno,
Un amor que rompe barreras,
Que nos lleva al fin del mundo

Un amor infinito

Ese amor existe,
Ese amor no morirá,
A pesar de los problemas,
A pesar de las lágrimas
Y ya han pasado
Muchos meses de miradas,
Muchos meses de tonterías,
Muchos meses demostrando nuestro amor,
Porque hay cosas que resulta imposible,
Imposible de borrar,
No dejemos que el amor se oculte tras los árboles,
Ni que acabe frío como el invierno,
La verdad es que este amor nunca puede acabar,

Y amo,
Y también sufro,
Pero no quiero olvidar, ¿por qué?

Amor para siempre,
el amor de mi vida…
no te apagues.

Adios a un gran poeta…

Gracias por acompañarme con tus poemas durante tanto tiempo,
gracias por regalarme tantas y tantas palabras preciosas…
Poeta… por siempre…
Por siempre

Si la esmeralda se opacara,
si el oro perdiera su color,
entonces, se acabaría
nuestro amor.

Si el sol no calentara,
si la luna no existiera,
entonces, no tendría
sentido vivir en esta tierra
como tampoco tendría sentido
vivir sin mi vida,
la mujer de mis sueños,
la que me da la alegría…

Si el mundo no girara
o el tiempo no existiese,
entonces, jamás moriría
Jamás morirías
tampoco nuestro amor…
pero el tiempo no es necesario
nuestro amor es eterno
no necesitamos del sol
de la luna o los astros
para seguir amándonos…

Si la vida fuera otra
y la muerte llegase
entonces, te amaría
hoy, mañana…
por siempre…
todavía.

Feliz Día del Libro 2009

ODA AL LIBRO (II)

LIBRO
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.

Pablo Neruda

Los nadie…

«You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one,
I hope some day you’ll join us, And the world will live as one…»


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

 

Eduardo Galeano, Escritor Uruguayo

El libro de los abrazos

Una versión visual preciosa, con una versión de Mad world de Tears for Fears:

La intensa Granada…

… y Federico García Lorca…
Federico García Lorca – Granada
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
Una vestida de verde,
otra de malva, y la otra,
un corselete escocés
con cintas hasta la cola. 
Las que van delante, garzas
la que va detrás, paloma,
abren por las alamedas
muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alhambra!
¿Adónde irán las manolas
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa?¿Qué galanes las esperan?
¿Bajo qué mirto reposan?
¿Qué manos roban perfumes
a sus dos flores redondas?

Nadie va con ellas, nadie;
dos garzas y una paloma.
Pero en el mundo hay galanes
que se tapan con las hojas.
La catedral ha dejado
bronces que la brisa toma;
El Genil duerme a sus bueyes
y el Dauro a sus mariposas.

La noche viene cargada
con sus colinas de sombra;
una enseña los zapatos
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos
y la menor los entorna.

¿Quién serán aquellas tres
de alto pecho y larga cola?
¿Por qué agitan los pañuelos?
¿Adónde irán a estas horas?
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.

There’s so much beauty in the world…

Beauty in the world

¿Por qué siempre que nos referimos al término “belleza” parece que única y exclusivamente describimos el exterior de las cosas o de las personas que nos rodean? En una sociedad tan consumista como la que nos ha tocado vivir, que valora tanto el aspecto físico, perdemos la verdadera esencia del término belleza. La belleza física es efímera, caduca, es como la fachada de una casa. La belleza es la cáscara del fruto, lo que es dulce y apetecible siempre es el interior.

La belleza anida en el interior de aquellos que nos quieren y a los que queremos, en los pequeños detalles de la vida, en los aspectos más básicos de nuestro comportamiento, en poder ver el sol cada mañana, en una caricia, en un abrazo, en un beso, en una mirada, en una palabra de la persona amada… pero, sobre todo, en el corazón. En el corazón de las personas es donde anida la verdadera belleza del mundo.

Escena de la película American Beauty

«You wanna see the most beautiful thing I’ve ever filmed? It was one of those days, when it’s a minute away from snowing. And there was this electricity in the air. You could almost hear it. And this bag was just … dancing … with me. Like a little kid, begging me to play with it. For fifteen minutes. That was the day when I realized that there was this … entire life … behind things. And this incredibly benevolent force who wanted me to know that there was no reason to be afraid. Ever. It is a poor excuse, I know, but it helps me remember… I need to remember… Sometimes there is so much … beauty … in the world. It’s like I can’t take it. And my heart is just going to cave in.»

«¿Quieres ver la cosa más hermosa que jamás he filmado? Era uno de esos días… cuando casi está nevando, y había cierta electricidad en el aire. Casi la podías oír. Y esta bolsa estaba allí… bailando… conmigo. Como un chiquillo rogándome jugar con él. Durante 15 minutos. Fue cuando me di cuenta de que había esa… inmensa vida… detrás de los objetos. Y esa increíble fuerza benevolente que quería que supiera que no hay razón para temer. Jamás. El vídeo es una pobre excusa, lo sé, pero me ayuda a recordar… necesito recordar… a veces hay tanta… belleza… en el mundo, que siento que no lo aguanto… y que mi corazón… se va a… derrumbar.»

Un vídeo:

Una canción:

Un poema: Por de fuera tengo la corteza áspera (Miguel Hernández)

… Por de fuera
Tengo la corteza áspera,
Pero por de dentro tengo
Tierna de palmito el alma.
Glorifico lo que toco,
De altura lo animo y gracia;
Y el que me lleva, llevando
Está la victoria en andas.
Para llegar al Señor,
Fabrico eternas escalas
Que, sin un arco de dudas,
Suben rectas a su estancia,
Y allí ya, resultan cálices
Y ángeles de bronce y ámbar.
Muchos miran a mi altura,
No por los bienes que guarda,
Sino por los que gotea,
Maná de mieles y pasta.

¡Bienaventurado aquel
Que sin fijarse en mis ramas
Ni en mis frutos llegue a mí
Sólo por amor, por ansia
De tenerme y de mirarme
Con enamorada rabia!

A mi madre…

A mi madre

 

Tú, la que fuiste mi luz primera

tras la nada de la noche oscura.

Tú que al temor me hiciste fuerte,

Tú, a quien no supe cómo llamarte.

 

Tú, a quien vi con desvelos, pagar

mis miedos y mis febriles noches.

Tú que me llenaste de ilusiones,

de quien aprendí y me enseñó a soñar.

 

Tú que en mi vida fuiste la fuerza

que doblegó mi desesperanza.

Tú, que me enseñaste aquellos cantos

que en mi alma viven, para amar a todos.

 

Tú, la que siempre estará a mi lado.

Tú, que eres la sombra de mis pasos.

Tú, que ligada estás a mis sueños

con rostro alegre y dolor callado.

 

Tú, para quien ya no tengo tiempo,

el espacio cruel que nos separa.

Tú, de quien me cobijé de niño

y como un niño, tu vida llora.

 

Hoy que ya entendí como llamarte

porque siempre estás a mi lado,

Hoy que al fin entendí cómo hablarte

también aprendí a llorar callado.

 

De aquella noche, de oscura nada,

fui en ti, chispa de viva esperanza,

tú en mi eres la flama eternizada,

viva en la carne, viva en el alma.

 

Hoy que ya entendí como llamarte,

Hoy que al fin entendí como hablarte,

Iré a tu tumba para decirte,

¡Mami, jamás dejaré de amarte!

Te deseo

TE DESEO

(Victor hugo)


Para los que conozco hace años
Y para los que conozco hace minutos
Y para los que quiero desde siempre
Y para los que quiero desde ahora.

 Te deseo primero que ames,
Y que amando, también seas amado.
Y que de no ser así, seas breve en olvidar,
Y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así,
pero que si es, sepas ser feliz.

Te deseo también que tengas amigos,
y que sean valientes, fieles, sinceros
y hasta algunas veces inconscientes.
Pero que por lo menos haya uno
en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque así es la vida,
deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que algunas veces, te cuestiones tus certezas.
Y entre ellos, haya uno por lo menos que sea justo,
para que te haga poner los pies en la tierra.

Te deseo además que seas útil, mas no insustituible.
Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada.
Esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante;
No con los que se equivocan poco, sino con los que se
equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de
ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor,
y es necesario que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena,
para valorar nuestras bendiciones y dar gracias por ello.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima,
por encima y a pesar de todo,
que existen y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.
Pero siempre tendrás la oportunidad
de llevar una palabra de consuelo.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez al año, pongas algo de
ese dinero frente a ti y digas: «esto es mío»,
sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo que ninguno de tus afectos muera,
pero que si muere alguno puedas llorar sin lamentarte y
sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin,
siendo hombre que tengas una buena mujer,
y que siendo mujer tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y cuando estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recompensar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo nada más que desearte.

Mi alma…

Mi alma

 

Esto es la vida… una carrera llena de obstáculos.
Lo más importante no es ser el más rápido.
En absoluto.
Más interesante es quien llega de una pieza al final… ¡JÁ!

Menudos contratiempos me he encontrado en la mía.
Tropecé con piedras, caí en charcos…

pero siempre fui fuerte.
Incluso derribé un muro tan sólido como el de Berlín…

Y así transcurría mi vida y puede decirse…

que avanzaba entera.
Cierto es que dejé gran parte de mi fe en cada piedra con la que tropecé.
Cierto es que casi ahogué mi esperanza en mas de un charco…
¡Ah! Sin olvidar el trozo de cordura que perdí frente al muro…
pero seguí adelante.

Me encontré un señalado día con un alambre de espinos.
Me hirió pero lo superé.
Y seguí avanzando día a día con la cabeza erguida.
Pero, ¡qué vacío me sentía!… ¿seguiría de una pieza?

Lástima, mi alma se había enredado en el alambre.
Mi cuerpo se detuvo, giró sobre su eje y por primera vez…

miró atrás

Mírala. Dolida. Desgarrada.
Encendida alma herida.
Sangra en el espino.
Pero… ¿no se supone que nunca hay que mirar atrás?

Lo siento, mi alma…
Debo avanzar.

¿Qué es la poesía?

¿Qué es poesía?

John Ashbery

¿El pueblo medieval, con frisos

de boyscouts de Nagoya? ¿La nieve

que viene cuando deseamos que nieve?

¿Bellas imágenes? ¿Tratar de evitar

las ideas como en este poema? ¿mas,

regresamos a ellas como a una esposa, dejando

a la amante que deseamos? Ahora

tendrán que creerlo

como lo creímos nosotros. En la escuela

todo pensamiento fue peinado:

lo que quedó es un páramo.

Cierra tus ojos, podrás sentirlo millas a la redonda.

Ábrelos ahora en un delgado y vertical camino.

¿podría esto darnos pronto —¿qué?— algunas flores?

El abrazo de la lectura

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El abrazo de la lectura

F. FERNÁN GÓMEZ 23/04/1994

El libro se abre ante nosotros como se abre de piernas la amante entregada y posesiva. Como abren los brazos para acogernos el amigo y el familiar.En mi prehistoria se abrieron para mí los brazos diminutos, débiles y sucios de los primeros cuentos de calleja. Ya entre ellos se observaban diferencias sociales. Los más baratos cabían en la palma de la mano, su letra era casi ilegible y tenían las mejillas manchadas de tiznones como de carbón o de tinta de escribir palotes, curvas y garrotes. No parecían pensados para que los leyeran los niños, sino las abuelitas, desojándose, al borde de la cuna. En cambio, los más caros, en octavo, se leían con facilidad y tenían letras de oro en la portada.

Vinieron después los libros de aventuras. Cuando aún no se ha llegado a la adolescencia, cuando aún no nos han amaestrado y no nos han inyectado en el cerebro la suficiente cantidad de resignación, nos asombra dolorosamente la monotonía de la existencia. ¿Cómo es posible -se pregunta el niño-, haber pasado ocho años padeciendo esta sórdida repitición cotidiana?. Los libros de aventuras, con su mentira piadosa, le abren las puertas de la esperanza.

Los libros escondidos. Los libros secretos. Hay que tenerlos debajo de los libros de texto. Leerlos cuando no nos ven nuestros mayores o los profesores, en el colegio. Son libros de aventuras, novelas folletinescas, policiacas. Y muy pocos anos después -no años, meses-, novelas pornográficas. Qué inefable placer me proporcionan esas lecturas. Aldous Huxley dijo: «una orgía real nunca excita tanto como un libro pornográfico». Y con esto no intento sugerir a nadie que abandone las orgías.

Pero también el libro tiene enemigos entre los de su propia especie. En mi caso personal, fueron los libros de texto del bachillerato. Qué repulsión, qué aversión me inspiraron. Odio al libro, odio a la lectura, odio al conocimiento. Por fortuna, había en Madrid muchísimos puestecillos callejeros en los que vendían a mitad de precio noveluchas de segunda mano, o de tercera o cuarta, sobadas y requetesobadas, noveluchas de aventuras, policiacas y también verdes. Aquellos puestecillos hicieron que se conservara vivo mi amor al libro, que los catedráticos escritores habrían conseguido asesinar. En la guerra de libros -como no puede ocurrir en las guerras de verdad-, ganaron los pobres.

Aparecieron después los que algunos consideran enemigos del libro: el cine, la radio, la televisión… son, es cierto, otros medios de difusión de la poesía, y también de la música y de las artes plásticas. Pero, aunque enemigos en cierto aspecto, es dificil que derroten al libro, ni creo que pongan en ello interés, El libro les lleva la ventaja de la corporeidad, de la cercanía. El libro lo tengo, lo poseo, puedo incluso darle achares, no mirarlo, no leerlo y, sin embargo, conservarlo. No es efímero. Puedo también tenerlo en las manos, acariciarle el lomo como a un perro amigo, hojearlo, sobarlo, puedo besar algunos de sus renglones si me han conmovido. Tanto si es un libro lujoso, encuadernado en suave piel, como si es un libro popular, de los que se doblan y se pliegan sumisos para ser leidos en la cama, con los que uno puede acostarse sin muchas dificultades ( … )

Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirle a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Si sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho.

Para mi mami…

… dos meses ya…

PARA MI MADRE

 

Tú, la que fuiste mi luz primera

tras la nada de la noche oscura.

Tú, que al temor me hiciste fuerte,

Tú, a quien no supe como llamarte.

 

Tú, a quien ví con desvelos pagar

mis miedos y mis febriles noches.

Tú, que me llenaste de ilusiones,

de quien aprendí y me enseñó a soñar.

 

Tú, que en mi vida fuiste la fuerza

que doblegó mi desesperanza.

Tú, que me enseñaste aquellos cantos

que en mi alma viven, para saber amar.

 

Tú, la que siempre estará a mi lado.

Tú, que eres la sombra de mis pasos.

Tú, que ligada estás a mis sueños

con rostro alegre y dolor callado.

 

Tú, para quien ya no tengo tiempo,

el espacio cruel que nos separa.

Tú, de quien me cobijé de niño

y como un niño, tu vida llora.

 

Hoy que ya entendí como llamarte

porque siempre estás a mi lado,

Hoy que al fin entendí como hablarte

también aprendí a llorar callado.

 

De aquella noche, de oscura nada,

fui en ti chispa de viva esperanza,

tú en mi, eres la llama eternizada,

viva en la carne, viva en el alma.

 

Hoy que ya entendí como llamarte,

Hoy que al fin entendí como hablarte,

Iré a tu tumba para decirte,

¡Mami, jamás dejaré de amarte!

A mi mami

 

Carta de Vicente Aleixandre a Dámaso Alonso. (11.03.1934)

 

«Ha muerto mi madre, Dámaso. Murió hace tres días, el ocho, a las cuatro horas de acabarse la operación, de la manera más inesperada. Le habían extraído un cálculo mayor que una avellana, y todo parecía ir bien. Pero su pobre corazón cansado, su cuerpo intoxicado por tantos días en enfermedad no pudieron resistir, no consiguieron vencer la anestesia, y sobrevino la muerte sin que recuperara el conocimiento. A las dos horas de operada la vio Rozábal, que la encontró bien y recomendó sólo una ampolla de aceite alcanforado para sostener el corazón. Pero media hora antes de morir su pulso estaba débil y su cuerpo no entraba en reacción. Se le puso adrenalina. Nosotros no nos dábamos cuenta de la gravedad. Diez minutos antes de morir no lo sabíamos aún. Murió en un sueño, sin agonía; tan dulcemente que no queríamos creerlo. Yo recogí su último aliento cuando volvía corriendo de buscar al médico de guardia. Fue todo rápido, brutal; brutal en su tremenda realidad, no en su forma que fue suavísima, en un tránsito insensible. Me parecía dormida, tan dulce, tan en paz. Toda su vida de amor infatigable, toda la actividad de su espíritu para querer me parecían tenerlos cuando la besé en su frente ya muerta,

                La trajimos inmediatamente a casa y anteayer la enterramos. No dejamos ir a mi padre al cementerio y fui yo solo. Vinieron parientes y amigos familiares. Yo a nadie avisé porque no quería ver a nadie.

                No te quiero decir nada de mi. De lo que yo siento que me falta, de esta sensación casi física de mutilación no te puedo hablar. Yo no sé cómo son las madres. Yo sé cómo era la mía, y sé que la generosidad y el amor suyo no eran como otros. No, Dámaso, no. Tú no sabes cómo era mi madre. No he conocido nada, nada, comparable en cuanto a renunciación de sí misma. Había que verla minuto a minuto, en las mínimas reacciones en la intimidad, para ver que ella no sentía su cuerpo, su persona; parecía como si no los notara y fuera sólo espíritu, dádiva, despreocupación por la propia materia. No espíritu de mortificación, no; sino un fuerte y alegre verterse hacia los demás, un generoso instinto de olvido de sí misma.

                Conmigo sufrió mucho, pobre madre mía. Yo que he pasado enfermedades graves y he estado desahuciado, sé cómo la he sentido a mi lado y de qué manera, cuando casi se arrastraba porque no podía materialmente con su cuerpo. Yo sé cuál era su fortaleza y su ternura de madre. He visto su corazón roto por mí y la he visto entera sonriéndome casi con heroísmo. Pero no es esto; es todo lo demás, lo del minuto y el afán diario, lo del perdón y la comprensión y el amor más puro lo que no puedo definir, pero lo que siento que me grita en mi corazón.

                ¿No habrá más vida? Cuando la miraba tan pura y tan serena, me apenaba horriblemente la duda de que esté definitivamente muerta. ¿Nunca más? ¿Jamás en otra parte? ¿Muerto, definitivamente muerto, aquel espíritu que era mío en mí y que ya no es nada? No puedo, no puedo con esta verdad, si lo es. Qué hermosa la esperanza en otra vida, qué humilde esperanza la de reintegrarse en los que se quiso.

                Hoy he ido a misa con mi padre, quizá no creo en nada, no lo sé; pero lo haré todo por ella (iré a sus misas, a su rosario) porque sé que ella se alegraría con ternura. Claro que iré. Si no creo, creo en ella y en lo que ella creía.

                Adiós, Dámaso. Tu carta me hizo llorar porque llegó cuando yo venía de darle tierra. Murió sabiendo que moriría. Se despidió (casi sin insistir, por no apenarnos) antes de operarse, y fue sonriente y resignada, con una mirada que era un adiós entre una sonrisa como de falsa esperanza. ‘Qué buenos sois, hijos míos; me voy contenta a operarme’. Y se sonreía y decía que estaba alegre.

                No sigo, Dámaso. Adiós, adiós. Yo sé que tú la estimabas ¿verdad? Adiós, te abrazo mucho. Vicente».

La verdadera esencia del ser humano

«La verdadera esencia del ser humano es la bondad. Existen otras cualidades provenientes de la educación y la sabiduría, pero, si uno quiere convertirse en un verdadero ser humano y dar sentido a su existencia, es esencial tener un       buen corazón»

  Tenzin Gyatxo (1935–), Dalai Lama
Premio Nobel de la Paz (1989)

Te fuiste

Siempre te amé y te dije la verdad,
no te importó tratarme así,

no te importó utilizarme
pudiste evitar jugar con mi ilusión,
pero te fuiste y me rompiste el corazón.

Sé que me esperan días tristes,
días buscando explicación,
de por qué te burlaste y te reíste de mi,
y ahora quiero buscarte y poderte decir…

Siempre te amé, y te dije la verdad,
no te importó tratarme así,

no te importó utilizarme
pudiste evitar jugar con mi ilusión,
pero te fuiste y me rompiste el corazón,
pero me usaste y eso sí que me dolió,
no me avisaste y me rompiste el corazón

te odio

Extremo 03 – Te fuiste