Ilegal excluir a los sin papeles de la sanidad

El Consejo de Europa juzga ilegal excluir a los sin papeles de la sanidad

  • La crisis eleva el número de incumplimientos sociales en el continente
  • España figura entre los países que más retroceden en derechos desde 2007

Las turbulencias económicas han provocado un enorme deterioro en derechos sociales que se creían garantizados. El Consejo de Europa ha detectado importantes retrocesos desde el inicio de la crisis, particularmente en España. Este organismo, encargado de velar por los derechos humanos en 47 países del continente, juzga ilegal la decisión de excluir a los extranjeros sin papeles de la sanidad española. “La crisis no puede servir como pretexto para negar el acceso a la sanidad”, concluye un informe sobre derechos sociales divulgado ayer.

El texto tacha de regresivo el decreto aprobado por el Ejecutivo español en agosto de 2012 que cerraba las puertas de la sanidad a los inmigrantes irregulares a excepción de niños, embarazadas y urgencias. Luis Jimena, presidente del Comité Europeo de Derechos Sociales, tiene claro que esta evaluación considera la ley española contraria al derecho europeo: “No se puede excluir a los inmigrantes del sistema. Tanto el Gobierno como las comunidades tienen el deber de cumplir la doctrina del Consejo de Europa. Y el Tribunal Constitucional deberá tomarla en consideración de manera determinante [al fallar sobre el recurso presentado contra la decisión del Gobierno]”, afirma.

España es uno de los 43 países europeos que han firmado la Carta Social Europea, que recoge el derecho a la salud y que el comité encargado de interpretarlo extiende a todos los ciudadanos, con independencia de su estatus legal. El Ejecutivo español considera que, al dar acceso a las urgencias, el derecho queda salvaguardado. Pierre Verbeeren, director general de Médicos del Mundo en Bélgica, lo niega. “Las urgencias no bastan para garantizar el derecho porque, además, cada país tiene una concepción distinta sobre qué es una urgencia”, argumenta.

Este experto lamenta el retroceso que se ha producido en España, que la sitúa al lado de países como Reino Unido, Alemania o Grecia, también restrictivos con las prestaciones sanitarias a los extranjeros irregulares. Verbeeren niega que estos movimientos obedezcan solo a necesidades económicas porque, además, el coste del tratamiento en urgencias acaba siendo superior al de la atención primaria. “Alemania no está afectada por la crisis y también lo ha hecho. A veces se utiliza la crisis como pretexto”, cierra.

El Consejo de Europa cita a otros países que incumplen la obligación sanitaria en lo que concierne a los extranjeros. Son Austria, Bélgica, Bulgaria, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Lituania, Letonia y Macedonia. La larga lista demuestra que los Estados se arriesgan a legislar de modo restrictivo pese a saber que sus decisiones contravienen el acervo europeo. El motivo es que el Comité de Derechos Sociales carece de mecanismos que penalicen estas conductas. La vía para hacer valer estos derechos resulta lenta y laboriosa; suele pasar por presentar el caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el brazo judicial de esta institución europea. Así ocurrió con Médicos del Mundo, que ganó al Estado francés un caso de estas características.

Técnicamente, el Consejo de Europa no ha podido tildar de incumplimiento el decreto español porque se adoptó en 2012, fuera del periodo analizado (entre 2008 y 2011). Sin embargo, advierte de que, de persistir la ley, se considerará una violación de los derechos sociales en Europa.

Además de la sanidad a los extranjeros, el organismo con sede en Estrasburgo reprocha a España otras carencias sociales. Entre ellas, la baja cuantía de la renta de inserción que se ofrece a personas sin recursos, que apenas supera los 400 euros al mes. Solo el País Vasco y Navarra cuentan con prestaciones aceptables. Tampoco llega al mínimo la cobertura económica de la baja por enfermedad, considerada “manifiestamente inadecuada”.

Más allá de España, la evaluación general del continente constata un nivel de incumplimientos muy superior al de otros años. “Las cifras han empeorado mucho. Para nosotros, es una fuente de gran preocupación. Los derechos sociales deben protegerse”, subraya Colm O’Cinneide, responsable del informe de 2013.

Una portavoz del Ministerio de Sanidad afirma que, en verdad, el Consejo de Europa “alude más al tiempo que pasa hasta que un extranjero es regularizado”, informa Emilio de Benito. Además, insiste en que “la cobertura que tienen los inmigrantes en España es de las más amplias de Europa, ya que incluye las urgencias, toda la atención a menores, y los cuidados en el embarazo”. Aparte de eso, “se cubren los temas de salud pública [enfermedades contagiosas], como la tuberculosis, y todos tienen garantizados por las comunidades la atención de otros procesos dentro de sus competencias”. Por eso Sanidad, como ha hecho desde que hace más de año y medio se recortara la atención a los extranjeros sin papeles, insiste en que “una cosa es que no tengan tarjeta sanitaria, y otra que no se les esté atendiendo”.

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El teatro entra en la cocina de la crisis

El teatro entra en la cocina de la crisis

  • En los últimos meses, las salas off de Madrid y Barcelona han estrenado obras cuyo argumento son los desahucios, los recortes en sanidad y educación, los desmanes bancarios y el paro
  • El éxito de estos montajes es incuestionable, con los teatros llenos y algunas prórrogas como la de ‘Mongolia, el musical’, en la Mirador
  • El riesgo es caer en el discurso panfletario. “Antes había una complicidad con el espectador. El teatro se entendía por medias palabras, sin tener que decir todo porque no podías. Ahora se puede hablar de cualquier cosa”, admite el director Juan Margallo

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El montaje ‘Ejecución hipotecaria’, sobre un desahucio, se estrena el día 30 en la Sala Mirador de Madrid //Foto: David Ruano

Hace tres años, la gran protagonista en los diarios era la famosa prima de riesgo con su subida imparable de puntos. También andaba por ahí el PIB, la inflación y multitud de datos macroeconómicos. A partir de 2012, sin embargo, la economía bajó a la tierra: una tasa de parados disparada –y muchos otros que ya habían perdido su prestación- los recortes en sanidad y educación, la pérdida de vivienda para muchos ciudadanos y la estafa de tantas acciones bancarias. Ya no era la crisis, ahora era el drama.

De este argumento, del que afecta al ser humano, se ha hecho eco en los últimos meses el teatro, sobre todo en la cartelera madrileña más off, con algunos ejemplos también en Barcelona. Son obras que llegan en un momento en el que las tablas tampoco atraviesan una edad dorada con la subida del IVA cultural y el descenso en cifras de espectadores, según el último anuario de la SGAE.

Ahora acaba de estrenarse en la sala Mirador de Madrid Una mujer en la ventana, con Petra Martínez y dirigida por Juan Margallo. Es una obra que retrata la tragedia de un desahucio y que fue estrenada por primera vez en 1983. “Es que ahora hay muchos más que antes; antes se declaraba la casa en ruinas, se echaba al vecino y el dueño vendía mucho más caro”, explica su director sobre este reestreno después de treinta años.

Y en dos semanas, el día 30 y también en la Mirador se estrenará Ejecución hipotecaria, basada en el crimen que cometió un alemán de Karslruhe en julio de 2012 cuando le llegó la orden de desahucio. En esta sala, por otra parte, ha triunfado Mongolia, el musical, elaborada por la troupede la revista Mongolia y en la que hacen un repaso satírico-festivo y mordaz de la situación política y social española.

Son tres obras que se suman al monólogo Autorretrato de un joven capitalista español, de Alberto San Juan, ahora en las tablas del Teatro del Barrio de Lavapiés, en la que señala cómo creímos tenerlo todo hace sólo una década y ahora no tenemos absolutamente nada. Y hace sólo unos meses en el teatro Alfil se representó Recortes, de Juan Cavestany, una llamada de atención a lo que estamos perdiendo en servicios sociales.

En clave europea, hasta diciembre se pudo ver en el Centro Dramático Nacional, Eurozone, de la compañía gallega Chévere, una obra humorística que dispara a los hacedores de la crisis, a Rodrigo Rato, a la canciller Angela Merkel, al expresidente francés Nicolás Sarkozy o al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. A todos aquellos, que como dice, Xron, el director de esta compañía, “tienen nombre y apellidos y nos tratan como tontos. Nosotros hemos querido señalar a los culpables para quitarnos la culpa a nosotros”. A partir de febrero estará en el Centro Niemeyer de Avilés.

En Barcelona, por otra parte, acaban de pasar por cartelera obras como El crédito(Sala Villarroel) sobre la temática de la concesión de préstamos, y 1984 (Almeria Teatre), una adaptación del clásico (y tan actual) de George Orwell dirigida por Víctor Álvaro, y que, según la crítica, se ha convertido en uno de los éxitos de la temporada.

El teatro como crónica

Ante tantos estrenos, cabe un interrogante, ¿qué ha llevado al teatro a acercarse de forma tan hiperrealista a la situación actual? “Estar pegado al presente es un estímulo creativo. Creo que muchos estamos ahora haciendo un trabajo no “sobre la crisis” sino desde dentro de la crisis”, explica Juan Casvestany. Ya no se trata, por tanto, de retratar un dato macroeconómico, sino de meterse en la habitación de esa mujer a punto de ser desahuciada.

“Lo que está pasando es un desmontaje atroz de la estructura social. En la calle la gente se cansa de protestar o son pegados. En nuestra vida personal el esfuerzo de la supervivencia puede llegar a ser muy duro. La experiencia colectiva del teatro es quizá un contexto idóneo para plantear y compartir estas inquietudes”, añade Cavestany, que también acaba de estrenar en cines Gente en sitios.

“El teatro tiene una función de crónica. Debe servir como espejo de la realidad. Ahora bien, en el teatro tienes que afrontarlo de otra manera a como lo hacen los periódicos. El teatro te permite reflexionar más poéticamente. No es exactamente como la realidad, aunque sí debe ser espejo, una manera de entendernos y de ver lo que nos pasa”, sostiene a su vez Juan Margallo, quien tiene en su haber numerosas obras políticas desde el tardofranquismo cuando estrenó junto a su compañera, la actriz Petra Martínez, Castañuela 70, un montaje que fue recortado por la censura de Franco.

Según actores, directores y dramaturgos, el formato teatral permite un distanciamiento que no lo ofrece ni la prensa ni la televisión. Hay menos lugar al lagrimón insulso o a la posibilidad de hacer algo perverso con la tragedia. “El teatro es el medio ideal para contar todo esto. Es más valiente que la televisión, donde los poderes económicos están más presentes. El teatro es un medio que sufre menos censura. Ejecución hipotecaria es una obra conmovedora que te puede hacer comprender al protagonista. Acerca ese personaje al espectador. Y el teatro esto lo puede hacer mejor que un periódico”, afirma Miguel Ángel Sánchez, autor de esta obra, que supone su primera incursión teatral, ya que hasta la fecha había trabajado en guiones televisivos.

¿Teatro panfletario?

Los dos problemas a los que se enfrenta este tipo de montajes son lo cerca que pueden encontrarse del panfletarismo mitinero, de la charla de barra de bar y la queja, y el cansancio del espectador, quizá harto de escuchar las mismas consignas a diario. Porque en ocasiones con estos textos sucede. El propio Margallo es consciente de que las obras actuales no suponen una inmersión en el teatro contracultural como ocurrió en los setenta: “Los tiempos son distintos. Antes había una complicidad con el espectador y ahora no. El teatro se entendía por medias palabras, sin tener que decirlo todo. Además, no podías. Ahora se puede hablar de cualquier cosa”. Y poner verdes a los políticos, banqueros o empresarios sin miedo a la censura ni a que te quiten el pasaporte.

“La dificultad de tratar la realidad es que puedes ser demasiado obvio y panfletario. Por ello, hay que mostrar las relaciones humanas entre los personajes”, añade Miguel Ángel Sánchez. Juan Cavestany tiene su propia receta: “Hay que tener muy en cuenta que el teatro no contribuya sólo a aumentar la ira y el desconcierto. Tampoco puede aspirar siempre a ofrecer soluciones, pero al menos debe ser una alternativa a la sobredosis de mentiras y vulgaridad con que somos bombardeados”.

Lo que sí tienen todos muy claro es que el espectador está ávido de este tipo de montajes. Desde su estreno, el ‘musical’ de Mongolia ha hecho lleno todos los días y ha prorrogado el espectáculo. La obra de Alberto San Juan lleva meses en cartelera. Eurozone no ha parado su gira y Ejecución hipotecaria, desde su estreno en el Festival de Santurtzi en noviembre, tampoco. “Al público estas obras le pueden servir como desahogo. Se dicen cosas que no se dicen en los medios de comunicación, y no hay una censura como puede haber en las series, que son políticamente correctas. Es un desahogo y una catarsis, una forma de expresar algo que está escondido”, zanja Miguel Ángel Sánchez.  El teatro también sufre la crisis y sólo tiene una forma de resarcirse: contándolo.

El triunfo de la Marea Blanca

El triunfo de la Marea Blanca

Huelgas, encierros, decenas de manifestaciones. La lucha del sector sanitario ha tenido su recompensa con la marcha atrás de la Comunidad a su plan privatizador

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El pasado domingo, como todos los terceros domingos de cada mes, una nueva Marea Blanca, la primera de 2014, se echó a la calle.La protesta en defensa de la Sanidad Pública llegaba a su decimoquinta marcha.

Entre paraguas y prendas de abrigo, los asistentes a la manifestación marcaban su paso tras la última decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) por la que la externalización de los servicios de seis hospitales y 27 centros de salud continuaba suspendido. Lejos de celebrar nada a la espera de una sentencia definitiva, este lunes llegó un verdadero triunfo: la renuncia de la Comunidad de Madrid a su plan privatizador y que deja “sin efectos” el proceso en los hospitales Infanta Sofía, Infanta Cristina, Infanta Leonor, del Sureste, del Henares y del Tajo.

La mayoría de las consignas han puesto en su punto de mira al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y su consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty. El primero no ha tenido más remedio que rectificar tras la presión social y el varapalo judicial; el segundo, que tachó la Marea Blanca de irresponsable, ha dimitido.

“La Sanidad Pública no se vende, se defiende” es uno de los grandes lemas de un movimiento heterogéneo, pacífico y que nació de forma espontánea, como el resto de las mareas. Su repercusión no sólo se ha podido apreciar en la calle. Las protestas contra la privatización sanitaria han estado acompañadas de jornadas de huelga de batas blancas, deencierros en centros hospitalarios, recogidas masivas de firmas y consultas populares e, incluso, dimisiones en masa dedirectores de centros de salud y de jefes de servicio de hospitales.

La Marea Blanca no se hizo mayoritaria hasta 2012, cuando González anunció el Plan para la sostenibilidad del sistema sanitario público con el que defendía su modelo de gestión privada. La Comunidad de Madrid pretendía ahorrar un total de 169 millones de euros anuales con el traspaso de la gestión hospitalaria. Sin embargo, varios expertos han desmontado la teoría sobre el supuesto ahorro de externalizar los servicios sanitarios y han advertido de que el ánimo de lucro está relacionado con una peor calidad de la asistencia al paciente.

Revés tras revés, la Comunidad de Madrid ha visto cómo su plan privatizador se ha ido desmoronando por momentos. Desde el euro por receta, hasta la externalización de hospitales y la privatización de centros salud, pasando por una de las primeras, y más importantes, batallas ganadas por la Marea Blanca: la paralización de la conversión del Hospital de La Princesa en un centro especializado en la atención de personas de la tercera edad.

Los trabajadores de La Princesa fueron los primeros en levantarse contra el plan privatizador y los pioneros en iniciar una oleada de encierros. Lasquetty no aguantó la presión y, tras varios días de negociación, la Comunidad reculó. El hospital seguirá siendo un centro de atención general que añadirá a sus funciones la especialización en mayores de 75 años.

Asimismo, la adjudicación de la gestión de los seis a las empresas Sanitas, Ribera Salud e Hima San Pablo se paralizó gracias a los recursos judiciales interpuestos por la Asociación de Facultativos y Especialistas de Madrid (Afem), la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (Amyts). Su iniciativa fue apoyada por, entre otros, CCOO, CSIT, PSOE y UPyD.

En el otro lado de la balanza, miles de empleados del sector sanitario han perdido su puesto de trabajo como consecuencia de los recortes en Sanidad del Gobierno de Mariano Rajoy. Algo que también contribuyó el cierre de dos centros de Salud Mental de Madrid capital, el cierre del Instituto de Cardiología o la “externalización” de los servicios de limpieza y lavandería.

Médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, pacientes. Todos ellos son la Marea Blanca. Todos ellos han continuado saliendo a la calle al menos un domingo al mes y llenando hospitales y centros de salud de pancartas. Su indignación saltó de Madrid y ha recorrido toda España.Dijeron basta, se echaron a la calle y ni el frío, ni el calor, ni la lluvia les impidió hacerse fuertes. Con sus protestas, no sólo abrieron los ojos a la ciudadanía de las consecuencias de la privatización, sino que también consiguieron un respaldo que se ha traducido en una gran masa social que les ha acompañado, altibajos incluidos, en las diferentes movilizaciones.

Madrid renuncia a privatizar los nuevos hospitales públicos

Madrid renuncia a privatizar los nuevos hospitales públicos

  • El presidente de la Comunidad, Ignacio González, deja “sin efectos” la externalización de los hospitales Infanta Sofía, Infanta Cristina, Infanta Leonor, del Sureste, del Henares y del Tajo
  • El anuncio se produce tras la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de mantener la suspensión cautelar del proceso para evitar “graves e irreparables daños”
  • Los magistrados argumentan que los cálculos de ahorro de la Comunidad son “meramente estimativos e hipotéticos” y que “pueden no responder después a la realidad”

y además…

Lasquetty anuncia su dimisión

El consejero de Sanidad se va después de que el TSJM confirmara la suspensión de la externalización de seis hospitales públicos de la Comunidad de Madrid

¡¡VICTORIA DE LA SANIDAD PÚBLICA!!

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Yo elijo 100% pública

Campaña para luchar contra las derivaciones a la sanidad privada  que el gobierno de la Comunidad de Madrid están imponiendo a los ciudadanos y que contribuye a desmantelar la sanidad pública madrileña.

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http://www.mats-madrid.com/yo-elijo-100-publica/

El Estado del malestar

‘El Estado del malestar’, nuevo documental sobre la crisis y sus consecuencias sociales

El periodista valenciano Diego Gebelin resume en su nuevo trabajo cómo la crisis y su gestión por parte de Gobiernos y la troika han acabado con el Estado del bienestar en España y otros países de Europa

“El estado del malestar” es el resultado de un año de trabajo por las calles de Madrid, donde a través de pequeñas historias y de protagonistas de la actualidad en España, queda en evidencia cómo el proyecto de la Unión Europea, tal y como está planteado, funciona como una herramienta para terminar con el estado de bienestar, dentro de un sistema que busca dejar sin recursos a los estados de la Unión y a las poblaciones menos favorecidas, fortaleciendo a la banca y a instituciones que aunque no están al alcance del control democrático, como la troika comunitaria, sí están imponiendo políticas a los líderes de los diferentes estados de la Unión. Por último también es una denuncia a la iglesia católica por las subvenciones que recibe del estado y por el saqueo sistemático del territorio y el patrimonio español, por medio del recurso “legal” conocido como “la inmatriculación”.
Documental producido y dirigido por Diego Gebelin.

622.700 parados más desde que Rajoy gobierna

Se presentaban como la “salvación” del país… Y engañaron y mintieron para llegar al poder.

España tiene 622.700 parados más desde que Rajoy gobierna

  • En el cuarto trimestre de 2013 el número de parados bajó en 8.400 personas y la tasa de paro se sitúa en el 26,03%.
  • Pero el año pasado también se destruyó empleo: se perdieron 198.900 puestos de trabajo.
  • El número de hogares con todos sus miembros en paro sube un 1,36%, hasta 1,832.300.
  • En los dos últimos años la población ocupada ha bajado en algo más de un millón y la activa ha descendido en 427.200 personas. La mayoría han emigrado al extranjero y otras han desistido de buscar trabajo.

‘Tierra de nadie’, los fantasmas del pasado que nos persiguen

‘Tierra de nadie’, los fantasmas del pasado que nos persiguen

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Reflexión, conciencia, honestidad, redención, diversión. Son algunas de las palabras que salen de las bocas de los actores –Josep Maria Pou, Lluís Homar, David Selvas y Ramon Pujol-, y del director -Xavier Albertí-, cuando hablan de ‘Tierra de nadie’, la obra de Harold Pinter que ahora se representa en las Naves del Español en el Matadero, en Madrid, en castellano, después de su paso por el Teatre Nacional de Catalunya.

“Si tuviese que resumir de qué va la obra”, asegura Albertí, “me acercaría al inicio de Los cuatro cuartetos de T. S. Eliot, donde la función del poeta es vivir el presente. El presente es el único espacio en tiempo real, el pasado lo manipulamos desde nuestra cabeza; el futuro no lo conocemos. Para poder vivir el presente honestamente, ha de tener una evaluación del pasado, para que el resultado final sea satisfactorio. Cuando uno tiene heridas abiertas de su pasado, su presente nunca puede ser bueno. Y si de algo vaTierra de nadie es de la función del lenguaje, de la poesía como una de las formas sofisticadas del lenguaje”.

Pinter es un autor que suele partir de sus propias experiencias para dar forma a sus obras. El impulso de escribir Tierra de nadie le vino cuando estaba en un taxi y oyó por azar dos frases: “¿Tal cual? Sí, por favor, absolutamente tal cual”.  Decidió escribir una obra para darle contenido a esas dos voces que le habían generado cierta inquietud.

Con ese punto de partida, Pinter escribió sobre dos amigos que se reencuentran después de 30 años. Los dos estaban en la misma casilla de salida, con mucho futuro para ser escritores. Uno, Hirst, lo ha conseguido todo en la vida; el otro, Spooner, ha fracasado, y ese fracaso tiene que ver con el éxito del primero. Cuando se encuentran, podría parecer que el fracasado viene a pedir cuentas y a echarle en cara que ha sido perjudicado. Pero no es así.

El encuentro se produce en el Londres de los años 70, en el pub del Jack Straw’s Castle, en el el parque Hamstead Heath, un mundo de encuentros furtivos masculinos, que le permite a Pinter recrear una anécdota que le ocurrió a él mismo cuando trabajaba de camarero. Escuchó una conversación entre dos comensales que hablaban de Eliot, pidió permiso para intervenir en la conversación y lo hizo; eso le costó el despido fulminante, pero los comensales quedaron encantados de compartir sus experiencias intelectuales con él. En ese encuentro empapado de alcohol vemos que se despiertan las heridas de un pasado que necesita ser ordenado.

Para construir el espectáculo, Albertí ha elegido una serie de referentes de Elliot que le han servido para transitar por un texto al que define como ambiguo. Nos desmenuza esos referentes: El primero es la obra El viejo estadista; en ella se narra cómo un hombre que ha sido muy importante en la vida política inglesa está al borde de la jubilación. Cae enfermo y decide retirarse a un sanatorio donde recibe la visita de un fantasma del pasado que le viene a recordar que hay una herida abierta de tiempos anteriores: cuando eran jóvenes se emborracharon y atropellaron a un hombre, pero no se detuvieron. La investigación policial descubrió que ese hombre era un viejo trotamundos que había fallecido de muerte natural y había caído en la carretera; ellos le pasaron por encima. La acusación no es por asesinato, sino por no haber sido capaces de enfrentarse a algo que habían hecho en su juventud. La relación entre los amigos comienza a deteriorarse por esto. El viejo estadista cree que vuelve para hacerle chantaje, hasta que descubre que a lo que viene es a permitirle morir en paz.

El otro elemento que toma Pinter es el poema Canción de amor para Prufrock, en el que una serie de elementos se repiten constantemente y remiten a la idea de que la cultura contemporánea no es más que reescritura. Esas repeticiones constantes nos permiten ver las resonancias que hay entre una creación, en este caso escénica, y todos los ecos anteriores.

En Cuatro cuartetos se remite a su interpretación de la Divina comedia de Dante. Podemos hablar de Tierra de nadie como un viaje del purgatorio hacia un paraíso. La posibilidad de salvación y redención. Es la lectura que hace Eliot de la leyenda artúrica. Nos habla de un rey que perdió la capacidad de fecundar la tierra porque hay un pecado original.

En la época de Eliot, la cultura británica estaba fascinada por la obra filosófica de Bergson, que trataba de un elemento que en Eliot será clave y en Pinter fundamental: la concepción no cronológica del tiempo. La filosofía de Bergson nos dice que el tiempo no deja de ser una experiencia interior del individuo. Los recuerdos no existen, existe nuestra lectura y nuestro almacenamiento del recuerdo.

Los actores aseguran haber vivido el proceso de la obra de una forma pasional, casi obsesiva. Josep Maria Pou describe cómo fue su contacto con este texto: “Mi primer encuentro con esta función fue como espectador, la he visto en Nueva York y en Londres. La primera vez que la vi me dejó completamente aturdido y sin entender nada de lo que pasaba allí. Pensé que quería hacerla en España. La función es fascinante para el espectador entienda o no entienda, que sí se entiende. Es una función con múltiples interpretaciones. Cada espectador tiene elementos suficientes durante la representación para construirse su propia historia y esa historia, su historia, será válida para él. Es un espectáculo que cumple la misión de conmocionar al público tanto o más que emocionar. Yo creo en el teatro que conmociona, que sacude al espectador y le deja descolocado. Es una función mágica, con un montón de elementos y de falta de elementos, de datos y de falta de datos, de vacíos para que el espectador los llene durante la función y se convierta en un espectador activo. No se puede ser un espectador pasivo durante esta representación. Hay que estar trabajando al mismo nivel y al mismo tiempo que los actores, porque la función te absorbe, tira de ti y te va llevando hacia el escenario”.

“Puede parecer un tópico”, confiesa Pou, que encarna a Hirst, el triunfador, “pero pocas veces me he sentido tan feliz en un escenario como con este personaje. Estamos haciendo esta función casi como si fuera una experiencia religiosa; yo me he sentido aquí más sacerdote que nunca. Este montaje supone lo que en otro campo sería El Rey Lear, esa obra que todos los actores en algún momento de su vida quieren hacer y luchan por ello. De los muchos actores que la han hecho, bastantes han dicho: la he interpretado sin entenderla, y eso no es más que una prueba de la magia que encierra el texto de Pinter. Hay que montarse en el tren y dejarse llevar por esos silencios y esa atmósfera que crea”.

“Yo no había visto la función. Cuando la leí no estaba mucho por la labor, era un poco escéptico porque me resultaba difícil conectarme”, declara Lluís Homar, quien interpreta a Spooner, al amigo perdedor. “Pero debo decir que, de todas las obras que he hecho, si tuviera que elegir dos, una sería Tierra de nadie. Está siendo un viaje fascinante. Mi personaje no viene a echarle nada en cara a su amigo, sino a ayudar, porque ya ha vivido el fracaso y sabe dónde está la esencia y dónde vale la pena agarrarse. Pero, como dice el título de la obra, estamos en tierra de nadie, un terreno muy atractivo porque es un lugar donde uno se siente protegido, no creativo pero protegido. A veces en la vida optamos por la protección antes que por estar vivos, aunque signifique estar más en desequilibrio, más en peligro”.

Esta obra, de la que todos se apresuran a recalcar que es divertida y a ratos hilarante, fue escrita por Pinter en un momento de crisis personal en el que Hollywood le había encargado unos trabajos por los que le pagó 20 veces más que la industria británica por sus películas con Joseph Losey, y empieza a plantearse preguntas: ¿Qué estoy haciendo? ¿Es esto lo que quiero hacer? Y decide tomar a Eliot como referencia para realizar un viaje desde su purgatorio hasta su salvación, no en el sentido cristiano, sino para encontrar un equilibrio que le permita seguir.

Este texto tenía tanta importancia para Pinter que pidió que en su funeral -murió en 2008- se leyera un fragmento para abrir la ceremonia. Escogió una parte en la que Hirst habla de un álbum de fotos que conserva del pasado, de esa época en que aparecieron las heridas, lleno de rostros a los que ya no les puede poner nombre, que se han convertido en fantasmas y uno tiene que decidir cómo se relaciona con esos fantasmas. Ahí aparece la idea de redención a la que Spooner le quiere ayudar.

“La obra es una invitación profunda y constante a seguir un viaje no paralizado por heridas del pasado, sino seguir consciente de tu responsabilidad de construir quién eres…, de ser”, concluye Albertí.

Tierra de nadie, de Harold Pinter. Dirección: Xavier Albertí. Actores: Josep Maria Pou, Lluís Homar, Ramon Pujol y David Selvas. Traducción: Joan Sellent.

Naves del Español. Matadero. Pº Chopera, 14. Madrid.

De martes a sábados, 20.00 h. Domingos, 19.00 h. Hasta el 2 de febrero.

Profesor, investigador, burócrata

Profesor, investigador, burócrata

Javier Mayoral
Profesor de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid

Hace unas semanas, a propósito de la corrupción política, un compañero de trabajo comentó: “ya no basta con saber a qué dedican el dinero de todos; ahora debemos exigirles además que expliquen con detalle qué hacen, cómo y cuánto trabajan, en qué tareas concretas emplean su tiempo”. Me parece que ese planteamiento general puede ser muy útil. Y no solo para los políticos. Porque la opacidad, letal en política, resulta también dañina casi en cualquier ámbito de la vida pública.

Pensemos, por ejemplo, en la enseñanza universitaria. ¿Sabemos de verdad a qué se dedica un profesor? ¿Sabemos cuántas horas reserva cada mes para preparar sus clases o para atender a los alumnos? ¿Sabemos cuánto y cómo investiga? ¿Lo sabe la propia Administración? ¿Lo saben los órganos de dirección de cada universidad? Me temo que todo esto se conoce. O al menos se intuye. Lo sorprendente es que aún no se haya generado un debate en profundidad sobre el modelo de profesor universitario al que parecemos estar abocados. Digo más: me extraña que nadie proteste, que todo permanezca en aparente calma, que continuemos simulando con dignidad y aplomo que nos esforzamos en enseñar –o en aprender– del modo más racional posible.

Se acaba de emplear un verbo de vital importancia: enseñar. En España, hasta hace unos quince o veinte años, el profesor universitario se ocupaba fundamentalmente de señalar el camino del conocimiento. Enseñar viene de insignāre: “señalar”, en latín vulgar. El trabajo del profesor consistía en guiar a los alumnos. La tarea docente resultaba esencial. La faceta de investigador quedaba en segundo plano. Era entonces facilísimo encontrar docentes que no investigaban. Ni mucho ni poco: sencillamente no dedicaban ni un solo segundo de sus vidas a la investigación. Para solucionar esa evidente deficiencia, las autoridades políticas y académicas consideraron necesario incentivar la producción científica en los centros universitarios.

Ese cambio, tan necesario y lógico, acabó por desatar una furia de estremecedoras consecuencias. Aquel profesor que ejercía antaño de maestro, a la vieja usanza, quizá debía transformarse y adaptarse a un nuevo entorno. Quién lo discute. Quién discute que era y sigue siendo necesario combatir el amiguismo, ese tráfico de favores que suele asociarse a la palabra “endogamia”. Lo que ocurre es que las autoridades políticas y académicas, buscando a toda velocidad investigadores, han establecido una serie de criterios que ignoran a los verdaderos profesores. Hoy ya no importa si te esfuerzas en enseñar o no te esfuerzas. Los méritos docentes no es que estén en segundo plano: es que han salido por completo de plano. Esta faceta, en comparación con la investigación, ha quedado relegada a una esfera personal, ética, individual: al buen profesor le preocupa enseñar, aunque en realidad nadie –excepto los propios alumnos, con un poco de suerte– vaya a premiar ese esfuerzo. Las autoridades políticas y académicas conceden a esta tarea docente una importancia absolutamente marginal. Hasta el punto de que, en muchos casos, estos méritos se miden solo a través de años de docencia. Curioso criterio: el mérito consiste en acumular trienios y quinquenios. Mientras tanto los alumnos pasan a ser actores secundarios, salvo en lo relativo al precio de las matrículas.

Para colmo de males, el profesor/maestro tradicional no se ha transformado realmente en profesor/investigador, como a veces quisiéramos suponer. Esa conversión, en tan poco tiempo y con tan escasos recursos, hubiera sido milagrosa. Nos hemos quedado en una mutación mucho más modesta. Una mutación –me atrevo a añadir– catastrófica: el profesor/maestro se está convirtiendo, lenta pero implacablemente, en un publicista/burócrata. Porque hoy el verdadero trabajo del supuesto investigador universitario consiste, no en enseñar a los alumnos (como parece obvio), sino en publicar artículos y en coleccionar citas. Los artículos deben aparecer en una selecta nómina de revistas. El valor del contenido de los textos no se evalúa: se delega en los criterios –muchos, a veces complejísimos– empleados para medir el “impacto” de las revistas académicas. La idealización de esas contadas cabeceras ha sido considerada alguna vez una absurda e ineficaz tiranía que poco tiene que ver con la verdadera ciencia. No obstante, incluso esa torpe sacralización podría resultar aceptable, como mal menor, si no fuera por la disparatada e infernal maquinaria burocrática, llena de recovecos y picarescas, que finalmente se ha desatado. Como resultado de todo lo anterior, el profesor universitario no es ya un guía para los alumnos, ni tampoco un investigador en sentido estricto, sino más bien un mero administrador de su propio currículum.

Ese gran laberinto burocrático es un magnífico lugar para perderse. Y para dejarse seducir por el utilitarismo. El único problema es que alguien –como quizá acabe ocurriendo con los políticos– nos pregunte un día a los profesores: ¿a qué os dedicáis? ¿En qué tareas concretas empleáis vuestro tiempo? ¿Cómo, cuánto y en qué trabajáis? Por eso, preventivamente, confieso aquí que me parece disparatado imponer un solo modelo de profesor universitario empeñado en  (obsesionado con) investigar. Confieso además que me parece un dislate entender que solo determinado tipo de trabajos publicados en determinado tipo de revistas merece cierta consideración. Confieso que me avergüenza ir coleccionando citas por doquier, y perder tanto tiempo en esa recolección, para demostrar que mis publicaciones son meritorias. Confieso que alguna vez he dejado sin destacar algún libro recién publicado: nadie lo había citado aún. Confieso que me ruboriza comportarme así, sometiéndome a esta clase de criterios contables.

Confieso también que el pasado mes de diciembre dediqué diez veces más tiempo a organizar mi currículum (para solicitar un sexenio de investigación) que a preparar clases. Confieso que incluso asistí a un curso para dominar las herramientas informáticas y conocer algunos de los criterios utilizados en este tipo de convocatorias. Confieso que estuve en varias ocasiones a punto de pedir ayuda a profesionales. No me refiero a psicólogos, sino a expertos que han estudiado todos los decretos y todas las normativas necesarias para sobrevivir a tan formidable burocracia. Sí, han leído bien: hay empresas que, por una respetable cantidad de dinero, liberan a los profesores del yugo burocrático que los atormenta. En mi caso, cuando quise decidir, esa empresa había colgado en su página web el siguiente mensaje: “Estamos desbordados y no aceptamos gestionar más solicitudes de sexenios”.

Confieso, por último, que he perdido horas y horas (y más horas) atrapado en páginas web de ministerios u organismos de evaluación, en manuales que muy amablemente pretendían explicar lo inexplicable, en aplicaciones informáticas de mi propia universidad… Confieso que a veces, mientras analizaba los índices de impacto de no sé qué revista, me he acordado de aquellos alumnos que no estudian la materia de una asignatura, sino más bien las artimañas que les permitirán aprobar y olvidar el mal trago cuanto antes. Confieso con cierto pudor que un día, hace apenas unas semanas, me sentí aprisionado por una inhumana aplicación informática que se negaba a guardar correctamente la información de una página. Aprisionado primero (durante varias horas) y ridículo después, cuando advertí que el fallo estaba en la pestaña denominada “tipo de vía”, en la sección de “datos personales”. Torpe e ingenuo de mí: había escrito “calle”, sin más. La aplicación informática no daba por buena esa información. Tampoco permitía seguir adelante. Ni siquiera explicaba qué ocurría. Casi por azar descubrí que el terrible error consistía en no haber especificado si mi domicilio se hallaba en “calle”, “calleja” o “callejón”.

Puñalada por la espalda

Otra puñalada trapera, por la espalda, a la educación universitaria pública por parte del ministro de Educación Wert. Otro recorte más. Otro ataque a los estudiantes. Otra injusticia más en el ámbito de la universidad pública.

Wert deniega la beca a centenares de universitarios que cumplen los requisitos

Los jóvenes auguran “una situación escalofriante”, dado que muchos pueden verse obligados a dejar los estudios

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Cientos de estudiantes se han encontrado con que el Ministerio de Educación está rechazando algunas de las becas solicitadas a pesar de cumplir los requisitos exigidos. Estas ayudas destinadas a alumnos que cursan, entre otros, estudios universitarios, supone en muchas ocasiones un complemento económico imprescindible para poder continuar con la actividad académica.

Este tipo de ayudas se solicitan en el inicio del curso, pero se suelen resolver con el curso bien avanzado, cuando no casi al final del mismo. Las primeras resoluciones de las becas MEC“han llegado en plena navidad, en fin de semana y por la noche”, según denuncian algunos estudiantes. Auguran “una situación escalofriante” dado que muchos jóvenes que han sido beneficiarios de esta ayuda pública durante años y con cuantías “nunca inferiores a los 3.000 euros” están recibiendo este año “0 euros”. Es decir, que el departamento que dirige José Ignacio Wert “sólo se hace cargo de la matrícula”.

Los estudiantes denuncian que los resultados “no están siendo como auguraban los datos de Wert”. En la convocatoria “podía concluirse que el número de becarios de este año sería menor que el del 2012-2013, y las cuantías ofrecidas, mayores”. Sin embargo, “la realidad es muy distinta”. Desde las redes sociales como Facebook ya han empezado a alzar la voz con consignas como “Becas Mec Out” o “Cuantía 0 euros”, un grupo que cuenta ya con más de 2.300 personas. Además, están recogiendo firmas en Change.org para exigir al Ministerio que pague.

Educación ha asegurado a este diario que no tiene constancia de estos rechazos y que cuando se envían las cartas de notificación de resolución de las becas, “se hace después de contrastar todo”. “Siempre puede haber errores, para eso existen las alegaciones”, se ha defendido su portavoz. Además, ha destacado que las notificaciones llegaron en navidad “para agilizar el proceso y no perder tiempo”.

¿Otra vía para recortar?

En el Congreso, el BNG registró una pregunta ante la Mesa del Congreso para que el Gobierno explique por qué se han denegado estas ayudas. Rosana Pérez, diputada del partido gallego, explica que “centenares de estudiantes denuncian que se están denegando becas a alumnos a pesar de que cumplen los requisitos exigidos”. “Dados los antecedentes del Ministerio y su política de becas, esto da pie a pensar que podemos estar ante otra vía para recortar y que haya gente que quede fuera de las becas por falta de tiempo para reclamar”, ha añadido Pérez, recalcando lo “insólito” de que ofrezcan 15 días naturales —y no hábiles— para hacer la alegación.

El portavoz del Ministerio, aseguró a este medio que los Consejos de las Universidades “estuvieron abiertos en Navidad”, recalcando que también existía la reclamación “por vía telemática”.

I’m gonna get stabbed
The Baltic Fleeto are up my arse
No cavalry could ever save me
I’m gonna get stabbed.

You don’t wanna stab me,
You don’t wanna stab me,
Cos you don’t know my family
And our capabilities.
You don’t wanna stab me.

I had my choice, I took my choice
That was to stand and fight the Fleeto Boys
But now I find myself running for my life
I’ve seen their swords and their knives
And I changed my mind.

Its time to go,
Its time to run.
Run rabbit run.
Run rabbit run.

Inéditos de Salinger

Continúa el goteo de inéditos de Salinger

  • El considerado mejor retratista del intrínseco mundo adolescente de los años 50, da una pista sobre los primeros años de su vida en formato de cartas hacia una amiga de la universidad
  • Estos 21 manuscritos se suman a la constante filtración de detalles ocultos sobre uno de los ermitaño más célebres de la historia de la literatura
  • También habla de ambiciones literarias, escritura y su vida familiar, incluyendo la experiencia de ser padre primerizo y de su primer divorcio.

Misterioso, esquivo de la fama y sin casi imágenes suyas, la figura del escritor Jerome David Salinger es aún un rompecabezas para los investigadores literarios estadounidenses. Un total de 21 cartas inéditas aportarán nuevos datos sobre el autor de El guardián entre el centeno.

“Hay afirmaciones reveladoras que ayudan a explicar su decisión de retirarse de la vida pública”, explica a Efe el director del Harry Ransom Center, Stephen Enniss, sobre las cartas.

El Harry Ransom Center, una biblioteca de investigación en Humanidades situada en Austin (Texas), incorporó a sus fondos hace unos días 21 cartas de Salinger (1919-2010) que hasta ahora nunca se habían registrado ni publicado.

A la espera de desmenuzar todo el contenido, los investigadores de Austin avanzaron que los documentos adquiridos describen a un Salinger consciente de su talento desde joven, temeroso de la opinión pública e hiperexigente con su trabajo.

También habla de ambiciones literarias, escritura y su vida familiar, especialmente de su segundo matrimonio y la paternidad.

“Humanizan al autor, mostrando cómo se enfrenta a una serie de acontecimientos que cambian su vida, como el matrimonio, la paternidad y su propio envejecimiento”, señala el director del centro.

Reminiscencias de juventud

La mayoría de las epístolas tienen como destinataria a su compañera de estudios y amiga Ruth Smith Maier, con quien intercambió correspondencia durante cuatro décadas y a quien Salinger conoció en 1938 en el Ursinus College, una escuela universitaria de letras y artes en Collegeville (Pensilvania).

En la actualidad el centro rinde homenaje al escritor que un día se sentó en sus aulas con unos premios literarios, pero lo cierto es que Salinger tan solo estudió un semestre en Pensilvania y dejó a medias el curso para volver a Nueva York.

Sin embargo, el Ursinus College dejó poso en sus recuerdos, porque en las cartas que ahora salen a la luz se refiere a ese semestre como uno de los últimos periodos de su vida “pacíficos, simples o extrañamente reconfortantes” y porque allí empezó la correspondencia con Ruth.

La correspondencia ofrece detalles sobre la evolución que sufrió la actitud del escritor en relación con la exposición pública y la necesidad de guardarse para él sus creaciones literarias.

En la primera carta, con 22 años, Salinger confía en su talento literario: “Oh, pero soy bueno (…). Llevará un tiempo convencer al público, pero acabará pasando”.

La obra maestra de Salinger, El guardián entre el centeno (también conocida como El cazador oculto), publicada como novela en 1951, vendió un total de 65 millones de ejemplares en el mundo -y sigue sumando ventas-, y fue después del éxito inmediato de la obra cuando el autor dejó Nueva York y se refugió en Nuevo Hampshire.

Estandarte del movimiento teen de los 50

La crítica considera esta novela como el mejor reflejo del mundo adolescente, y fue muy pronto el espejo en el que se miraron inadaptados de toda índole e incluso asesinos en serie.

El director del centro de investigación explica que “queda bastante claro con la lectura de estas cartas que los altos estándares que se marcó J.D. Salinger contribuyeron a su decisión de mantener su nuevo trabajo fuera de la publicación”.

Y Enniss cita un fragmento que el autor escribió a mediados de los 70 en una de las epístolas: “Me molesta y me perturba terriblemente publicar, hacer público. Y la publicación tiende, en mi opinión, a poner en grave peligro todo el trabajo en curso”.

“Desconfío de la finalidad de publicar”, añadió Salinger en la misma carta, que el investigador considera “reveladora”.

De las 21 cartas adquiridas, cinco, escritas entre 1977 y 1978, tenían como destinatario al hijo de Ruth Maier, Christopher.

Con estas cartas, la colección Salinger del centro, que forma parte de la Universidad de Texas, da un salto cualitativo en sus actuales fondos, formados por manuscritos publicados y sin publicar, correspondencia, borradores y pruebas de imprenta de uno de los escritores que más incógnitas generó en el siglo XX.

Como el protagonista de la novela, que deseaba encontrar una cabaña en algún sitio e instalarse allí el resto de su vida, “lejos de cualquier conversación estúpida con la gente”, Salinger se refugió en Nuevo Hampshire, en el campo, donde vivió durante décadas y murió en 2010 a los 91 años. Damià Bonmatí.

The Catcher in the Rye, en inglés aquí; El guardián entre el centeno, en español aquí.

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Depeche Mode in Madrid

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Depeche Mode o el paradigma del espectáculo

  • El conjunto británico triunfa ante el público de Madrid durante dos noches en las que agotaron todas las entradas
  • Dos horas de concierto y 20 canciones permitieron a Depeche Mode triunfar en el Palacio de los Deportes madrileño
  • Clásicos como Enjoy the Silence Personal Jesus fueron los más coreados

London in 1927 & 2013

In the mid-1920s cinema technician, filmmaker, and cinematographer Claude Friese-Greene traveled across the UK with a new color film camera to create his famous collection of films, The Open Road. The filmmaker’s trip culminated in London with scenes that captured the daily life of Londoners as well as several iconic cityscapes. The films were restored in 2005 by the BFI and circulated widely online.

Fast forward 86 years later. Starting early last year filmmaker Simon Smith, armed with his own camera, traversed the footsteps of Friese-Greene to make his own film. The result is uncanny. Smith matched the original films shot by shot, mimicking the timing and angle almost perfectly for nearly 6 minutes of footage. While the differences between London of 1926 and 2013 are easy to spot when viewing the films side-by-side, what’s more amazing are the similarities. While clothing styles and car designs changed a bit, it’s almost impossible to tell some of these shots apart if it weren’t for the quality of the film. Watch it and see.

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