Despertar contigo…

La Sonrisa de Julia – Despertar contigo

Por las dunas no quieren bailar.
Nada parece tan vivo cuando no viajas conmigo.
Hasta el aire quiere palpitar
Pero no me siento vivo si no respiras conmigo.
Dime que no es así,
dime que volverás para lanzar conmigo los dados
Dime que no es verdad,
que tengo una oportunidad de mantenerme siempre a tu lado.
Quiero despertar contigo.
Lejos de cualquier camino.
Quiero atravesar desiertos.
Suspendidos en el viento.
¿Cuanto tiempo tardará el sol en volver,
se marchitará las flores?

¿Cuantas torres veremos caer?
El eclipse no permite un solo error.
Es tan fácil sorprenderse, sonriendo dictador.
Dime que no es así,
dime que volverás a ver bailar conmigo los dados.
Dime que no es verdad
que tengo una oportunidad de mantenerme siempre a tu lado.
Quiero despertar contigo
lejos de cualquier camino
Quiero atravesar desiertos
Suspendidos en el viento.
Que la voz del silencio se vuelva a escuchar otra vez.
y decirte al oído que vuelvo a sentirlo otra vez.
Todo vuelve a caber en un grano de arena otra vez.

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Unseen Tours: London´s Street Voices

Una iniciativa preciosa que debería extenderse por otros países: la mirada de gente de los barrios.

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Sock Mob Events (Unseen Tours)

That “Old Book Smell” Is a Mix of Grass and Vanilla

That “Old Book Smell” Is a Mix of Grass and Vanilla

that old book smell

 

Smell is chemistry, and the chemistry of old books gives your cherished tomes their scent. As a book ages, the chemical compounds used—the glue, the paper, the ink–begin to break down. And, as they do, they release volatile compounds—the source of the smell. A common smell of old books, says the International League for Antiquarian Booksellers, is a hint of vanilla: “Lignin, which is present in all wood-based paper, is closely related to vanillin. As it breaks down, the lignin grants old books that faint vanilla scent.”

A study in 2009 looked into the smell of old books, finding that the complex scent was a mix of “hundreds of so-called volatile organic compounds (VOCs) released into the air from the paper,” says the Telegraph. Here’s how Matija Strlic, the lead scientist behind that study, described the smell of an old book:

A combination of grassy notes with a tang of acids and a hint of vanilla over an underlying mustiness, this unmistakable smell is as much a part of the book as its contents.

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Recuerdos de una librería, George Orwell

Recuerdos de una librería, George Orwell

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Cuando trabajé en una librería de viejo –establecimiento que se suele imaginar, cuando no se trabaja en él, como una especie de paraíso en el que unos encantadores caballeros de edad curiosean entre infolios encuadernados en piel-, lo que más me llamó la atención fue la escasez de personas realmente aficionadas a los libros. Nuestra tienda tenía un surtido de interés excepcional, pero yo dudo que el diez por ciento de nuestros clientes supiesen distinguir un libro bueno de uno malo. Eran mucho más numerosos los esnobs de las primeras ediciones que los amantes de la literatura; más numerosos aún eran los estudiantes orientales que regateaban por los libros de texto baratos, y las más numerosas eran mujeres despistadas que querían un regalo para el cumpleaños de un sobrino […].

La verdadera razón por la que no quisiera pasar mi vida vendiendo libros es que, cuando lo hice, perdí el amor que les tenía. Un librero se ve obligado a mentir sobre los libros, y esto le provoca aversión hacia ellos. Y peor aún es el hecho de estar constantemente quitándoles el polvo y acarreándolos de aquí para allá. Hubo un tiempo en que me gustaban los libros; me gustaba verlos, tocarlos, olerlos, sobre todo si tenían más de cincuenta años. Nada me agradaba tanto como comprar un lote de ellos por un chelín en alguna subasta de pueblo. Hay un encanto especial en los viejos e inesperados libros que forman esas colecciones: poetas menores del siglo XVIII, antiguos gaceteros, volúmenes sueltos de novelas olvidadas, ejemplares encuadernados de revistas femeninas de la década de los sesenta. Para la lectura de los ratos perdidos –en la bañera, por ejemplo, o por la noche, cuando uno está demasiado cansado para acostarse, o en el cuarto de hora libre de antes del almuerzo-, no hay nada como un número atrasado del Girl’s Own Paper. Pero tan pronto como entré a trabajar en la librería dejé de comprar libros. Vistos en masa, cinco mil o diez mil a la vez, me resultaban aburridos e incluso levemente repulsivos. Ahora compro alguno, de vez en cuando, pero sólo si es un libro que deseo leer y que no puedo pedir prestado, y nunca compro libros antiguos. El delicioso olor del papel viejo ya no me atrae. Lo tengo asociado con los clientes paranoicos y con las moscardas muertas.

George Orwell
Recuerdos de una librería
Fortnightly, noviembre de 1936

Foto de Topher Hackney

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