113.097 parados más en enero

El paro registrado subió en enero en 113.097 personas

El número de parados registrados en las oficinas de Empleo alcanza los 4.814.435 personas. Sólo un 7,8% de los nuevos contratos fueron fijos, un 2,2% menos que el año anterior

¿Y ahora qué, Rajoy?

Rajoy cuando gobierne bajara el paro

El Tren de la Libertad: contra la ley del aborto de Gallardón

Llega a Madrid la marea violeta contra la reforma del aborto

El ‘Tren de la Libertad’, una iniciativa formada por la Tertulia Feminista les Comadres y Mujeres por la Igualdad de Barredos (Asturias) ha llevado hasta la capital a activistas de diversas ciudades de España.

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Ilegal excluir a los sin papeles de la sanidad

El Consejo de Europa juzga ilegal excluir a los sin papeles de la sanidad

  • La crisis eleva el número de incumplimientos sociales en el continente
  • España figura entre los países que más retroceden en derechos desde 2007

Las turbulencias económicas han provocado un enorme deterioro en derechos sociales que se creían garantizados. El Consejo de Europa ha detectado importantes retrocesos desde el inicio de la crisis, particularmente en España. Este organismo, encargado de velar por los derechos humanos en 47 países del continente, juzga ilegal la decisión de excluir a los extranjeros sin papeles de la sanidad española. “La crisis no puede servir como pretexto para negar el acceso a la sanidad”, concluye un informe sobre derechos sociales divulgado ayer.

El texto tacha de regresivo el decreto aprobado por el Ejecutivo español en agosto de 2012 que cerraba las puertas de la sanidad a los inmigrantes irregulares a excepción de niños, embarazadas y urgencias. Luis Jimena, presidente del Comité Europeo de Derechos Sociales, tiene claro que esta evaluación considera la ley española contraria al derecho europeo: “No se puede excluir a los inmigrantes del sistema. Tanto el Gobierno como las comunidades tienen el deber de cumplir la doctrina del Consejo de Europa. Y el Tribunal Constitucional deberá tomarla en consideración de manera determinante [al fallar sobre el recurso presentado contra la decisión del Gobierno]”, afirma.

España es uno de los 43 países europeos que han firmado la Carta Social Europea, que recoge el derecho a la salud y que el comité encargado de interpretarlo extiende a todos los ciudadanos, con independencia de su estatus legal. El Ejecutivo español considera que, al dar acceso a las urgencias, el derecho queda salvaguardado. Pierre Verbeeren, director general de Médicos del Mundo en Bélgica, lo niega. “Las urgencias no bastan para garantizar el derecho porque, además, cada país tiene una concepción distinta sobre qué es una urgencia”, argumenta.

Este experto lamenta el retroceso que se ha producido en España, que la sitúa al lado de países como Reino Unido, Alemania o Grecia, también restrictivos con las prestaciones sanitarias a los extranjeros irregulares. Verbeeren niega que estos movimientos obedezcan solo a necesidades económicas porque, además, el coste del tratamiento en urgencias acaba siendo superior al de la atención primaria. “Alemania no está afectada por la crisis y también lo ha hecho. A veces se utiliza la crisis como pretexto”, cierra.

El Consejo de Europa cita a otros países que incumplen la obligación sanitaria en lo que concierne a los extranjeros. Son Austria, Bélgica, Bulgaria, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Lituania, Letonia y Macedonia. La larga lista demuestra que los Estados se arriesgan a legislar de modo restrictivo pese a saber que sus decisiones contravienen el acervo europeo. El motivo es que el Comité de Derechos Sociales carece de mecanismos que penalicen estas conductas. La vía para hacer valer estos derechos resulta lenta y laboriosa; suele pasar por presentar el caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el brazo judicial de esta institución europea. Así ocurrió con Médicos del Mundo, que ganó al Estado francés un caso de estas características.

Técnicamente, el Consejo de Europa no ha podido tildar de incumplimiento el decreto español porque se adoptó en 2012, fuera del periodo analizado (entre 2008 y 2011). Sin embargo, advierte de que, de persistir la ley, se considerará una violación de los derechos sociales en Europa.

Además de la sanidad a los extranjeros, el organismo con sede en Estrasburgo reprocha a España otras carencias sociales. Entre ellas, la baja cuantía de la renta de inserción que se ofrece a personas sin recursos, que apenas supera los 400 euros al mes. Solo el País Vasco y Navarra cuentan con prestaciones aceptables. Tampoco llega al mínimo la cobertura económica de la baja por enfermedad, considerada “manifiestamente inadecuada”.

Más allá de España, la evaluación general del continente constata un nivel de incumplimientos muy superior al de otros años. “Las cifras han empeorado mucho. Para nosotros, es una fuente de gran preocupación. Los derechos sociales deben protegerse”, subraya Colm O’Cinneide, responsable del informe de 2013.

Una portavoz del Ministerio de Sanidad afirma que, en verdad, el Consejo de Europa «alude más al tiempo que pasa hasta que un extranjero es regularizado», informa Emilio de Benito. Además, insiste en que «la cobertura que tienen los inmigrantes en España es de las más amplias de Europa, ya que incluye las urgencias, toda la atención a menores, y los cuidados en el embarazo». Aparte de eso, «se cubren los temas de salud pública [enfermedades contagiosas], como la tuberculosis, y todos tienen garantizados por las comunidades la atención de otros procesos dentro de sus competencias». Por eso Sanidad, como ha hecho desde que hace más de año y medio se recortara la atención a los extranjeros sin papeles, insiste en que «una cosa es que no tengan tarjeta sanitaria, y otra que no se les esté atendiendo».

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El teatro entra en la cocina de la crisis

El teatro entra en la cocina de la crisis

  • En los últimos meses, las salas off de Madrid y Barcelona han estrenado obras cuyo argumento son los desahucios, los recortes en sanidad y educación, los desmanes bancarios y el paro
  • El éxito de estos montajes es incuestionable, con los teatros llenos y algunas prórrogas como la de ‘Mongolia, el musical’, en la Mirador
  • El riesgo es caer en el discurso panfletario. «Antes había una complicidad con el espectador. El teatro se entendía por medias palabras, sin tener que decir todo porque no podías. Ahora se puede hablar de cualquier cosa», admite el director Juan Margallo

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El montaje ‘Ejecución hipotecaria’, sobre un desahucio, se estrena el día 30 en la Sala Mirador de Madrid //Foto: David Ruano

Hace tres años, la gran protagonista en los diarios era la famosa prima de riesgo con su subida imparable de puntos. También andaba por ahí el PIB, la inflación y multitud de datos macroeconómicos. A partir de 2012, sin embargo, la economía bajó a la tierra: una tasa de parados disparada –y muchos otros que ya habían perdido su prestación- los recortes en sanidad y educación, la pérdida de vivienda para muchos ciudadanos y la estafa de tantas acciones bancarias. Ya no era la crisis, ahora era el drama.

De este argumento, del que afecta al ser humano, se ha hecho eco en los últimos meses el teatro, sobre todo en la cartelera madrileña más off, con algunos ejemplos también en Barcelona. Son obras que llegan en un momento en el que las tablas tampoco atraviesan una edad dorada con la subida del IVA cultural y el descenso en cifras de espectadores, según el último anuario de la SGAE.

Ahora acaba de estrenarse en la sala Mirador de Madrid Una mujer en la ventana, con Petra Martínez y dirigida por Juan Margallo. Es una obra que retrata la tragedia de un desahucio y que fue estrenada por primera vez en 1983. “Es que ahora hay muchos más que antes; antes se declaraba la casa en ruinas, se echaba al vecino y el dueño vendía mucho más caro”, explica su director sobre este reestreno después de treinta años.

Y en dos semanas, el día 30 y también en la Mirador se estrenará Ejecución hipotecaria, basada en el crimen que cometió un alemán de Karslruhe en julio de 2012 cuando le llegó la orden de desahucio. En esta sala, por otra parte, ha triunfado Mongolia, el musical, elaborada por la troupede la revista Mongolia y en la que hacen un repaso satírico-festivo y mordaz de la situación política y social española.

Son tres obras que se suman al monólogo Autorretrato de un joven capitalista español, de Alberto San Juan, ahora en las tablas del Teatro del Barrio de Lavapiés, en la que señala cómo creímos tenerlo todo hace sólo una década y ahora no tenemos absolutamente nada. Y hace sólo unos meses en el teatro Alfil se representó Recortes, de Juan Cavestany, una llamada de atención a lo que estamos perdiendo en servicios sociales.

En clave europea, hasta diciembre se pudo ver en el Centro Dramático Nacional, Eurozone, de la compañía gallega Chévere, una obra humorística que dispara a los hacedores de la crisis, a Rodrigo Rato, a la canciller Angela Merkel, al expresidente francés Nicolás Sarkozy o al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. A todos aquellos, que como dice, Xron, el director de esta compañía, “tienen nombre y apellidos y nos tratan como tontos. Nosotros hemos querido señalar a los culpables para quitarnos la culpa a nosotros”. A partir de febrero estará en el Centro Niemeyer de Avilés.

En Barcelona, por otra parte, acaban de pasar por cartelera obras como El crédito(Sala Villarroel) sobre la temática de la concesión de préstamos, y 1984 (Almeria Teatre), una adaptación del clásico (y tan actual) de George Orwell dirigida por Víctor Álvaro, y que, según la crítica, se ha convertido en uno de los éxitos de la temporada.

El teatro como crónica

Ante tantos estrenos, cabe un interrogante, ¿qué ha llevado al teatro a acercarse de forma tan hiperrealista a la situación actual? “Estar pegado al presente es un estímulo creativo. Creo que muchos estamos ahora haciendo un trabajo no “sobre la crisis” sino desde dentro de la crisis”, explica Juan Casvestany. Ya no se trata, por tanto, de retratar un dato macroeconómico, sino de meterse en la habitación de esa mujer a punto de ser desahuciada.

“Lo que está pasando es un desmontaje atroz de la estructura social. En la calle la gente se cansa de protestar o son pegados. En nuestra vida personal el esfuerzo de la supervivencia puede llegar a ser muy duro. La experiencia colectiva del teatro es quizá un contexto idóneo para plantear y compartir estas inquietudes”, añade Cavestany, que también acaba de estrenar en cines Gente en sitios.

“El teatro tiene una función de crónica. Debe servir como espejo de la realidad. Ahora bien, en el teatro tienes que afrontarlo de otra manera a como lo hacen los periódicos. El teatro te permite reflexionar más poéticamente. No es exactamente como la realidad, aunque sí debe ser espejo, una manera de entendernos y de ver lo que nos pasa”, sostiene a su vez Juan Margallo, quien tiene en su haber numerosas obras políticas desde el tardofranquismo cuando estrenó junto a su compañera, la actriz Petra Martínez, Castañuela 70, un montaje que fue recortado por la censura de Franco.

Según actores, directores y dramaturgos, el formato teatral permite un distanciamiento que no lo ofrece ni la prensa ni la televisión. Hay menos lugar al lagrimón insulso o a la posibilidad de hacer algo perverso con la tragedia. “El teatro es el medio ideal para contar todo esto. Es más valiente que la televisión, donde los poderes económicos están más presentes. El teatro es un medio que sufre menos censura. Ejecución hipotecaria es una obra conmovedora que te puede hacer comprender al protagonista. Acerca ese personaje al espectador. Y el teatro esto lo puede hacer mejor que un periódico”, afirma Miguel Ángel Sánchez, autor de esta obra, que supone su primera incursión teatral, ya que hasta la fecha había trabajado en guiones televisivos.

¿Teatro panfletario?

Los dos problemas a los que se enfrenta este tipo de montajes son lo cerca que pueden encontrarse del panfletarismo mitinero, de la charla de barra de bar y la queja, y el cansancio del espectador, quizá harto de escuchar las mismas consignas a diario. Porque en ocasiones con estos textos sucede. El propio Margallo es consciente de que las obras actuales no suponen una inmersión en el teatro contracultural como ocurrió en los setenta: “Los tiempos son distintos. Antes había una complicidad con el espectador y ahora no. El teatro se entendía por medias palabras, sin tener que decirlo todo. Además, no podías. Ahora se puede hablar de cualquier cosa”. Y poner verdes a los políticos, banqueros o empresarios sin miedo a la censura ni a que te quiten el pasaporte.

“La dificultad de tratar la realidad es que puedes ser demasiado obvio y panfletario. Por ello, hay que mostrar las relaciones humanas entre los personajes”, añade Miguel Ángel Sánchez. Juan Cavestany tiene su propia receta: “Hay que tener muy en cuenta que el teatro no contribuya sólo a aumentar la ira y el desconcierto. Tampoco puede aspirar siempre a ofrecer soluciones, pero al menos debe ser una alternativa a la sobredosis de mentiras y vulgaridad con que somos bombardeados”.

Lo que sí tienen todos muy claro es que el espectador está ávido de este tipo de montajes. Desde su estreno, el ‘musical’ de Mongolia ha hecho lleno todos los días y ha prorrogado el espectáculo. La obra de Alberto San Juan lleva meses en cartelera. Eurozone no ha parado su gira y Ejecución hipotecaria, desde su estreno en el Festival de Santurtzi en noviembre, tampoco. “Al público estas obras le pueden servir como desahogo. Se dicen cosas que no se dicen en los medios de comunicación, y no hay una censura como puede haber en las series, que son políticamente correctas. Es un desahogo y una catarsis, una forma de expresar algo que está escondido”, zanja Miguel Ángel Sánchez.  El teatro también sufre la crisis y sólo tiene una forma de resarcirse: contándolo.

El triunfo de la Marea Blanca

El triunfo de la Marea Blanca

Huelgas, encierros, decenas de manifestaciones. La lucha del sector sanitario ha tenido su recompensa con la marcha atrás de la Comunidad a su plan privatizador

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El pasado domingo, como todos los terceros domingos de cada mes, una nueva Marea Blanca, la primera de 2014, se echó a la calle.La protesta en defensa de la Sanidad Pública llegaba a su decimoquinta marcha.

Entre paraguas y prendas de abrigo, los asistentes a la manifestación marcaban su paso tras la última decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) por la que la externalización de los servicios de seis hospitales y 27 centros de salud continuaba suspendido. Lejos de celebrar nada a la espera de una sentencia definitiva, este lunes llegó un verdadero triunfo: la renuncia de la Comunidad de Madrid a su plan privatizador y que deja «sin efectos» el proceso en los hospitales Infanta Sofía, Infanta Cristina, Infanta Leonor, del Sureste, del Henares y del Tajo.

La mayoría de las consignas han puesto en su punto de mira al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y su consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty. El primero no ha tenido más remedio que rectificar tras la presión social y el varapalo judicial; el segundo, que tachó la Marea Blanca de irresponsable, ha dimitido.

«La Sanidad Pública no se vende, se defiende» es uno de los grandes lemas de un movimiento heterogéneo, pacífico y que nació de forma espontánea, como el resto de las mareas. Su repercusión no sólo se ha podido apreciar en la calle. Las protestas contra la privatización sanitaria han estado acompañadas de jornadas de huelga de batas blancas, deencierros en centros hospitalarios, recogidas masivas de firmas y consultas populares e, incluso, dimisiones en masa dedirectores de centros de salud y de jefes de servicio de hospitales.

La Marea Blanca no se hizo mayoritaria hasta 2012, cuando González anunció el Plan para la sostenibilidad del sistema sanitario público con el que defendía su modelo de gestión privada. La Comunidad de Madrid pretendía ahorrar un total de 169 millones de euros anuales con el traspaso de la gestión hospitalaria. Sin embargo, varios expertos han desmontado la teoría sobre el supuesto ahorro de externalizar los servicios sanitarios y han advertido de que el ánimo de lucro está relacionado con una peor calidad de la asistencia al paciente.

Revés tras revés, la Comunidad de Madrid ha visto cómo su plan privatizador se ha ido desmoronando por momentos. Desde el euro por receta, hasta la externalización de hospitales y la privatización de centros salud, pasando por una de las primeras, y más importantes, batallas ganadas por la Marea Blanca: la paralización de la conversión del Hospital de La Princesa en un centro especializado en la atención de personas de la tercera edad.

Los trabajadores de La Princesa fueron los primeros en levantarse contra el plan privatizador y los pioneros en iniciar una oleada de encierros. Lasquetty no aguantó la presión y, tras varios días de negociación, la Comunidad reculó. El hospital seguirá siendo un centro de atención general que añadirá a sus funciones la especialización en mayores de 75 años.

Asimismo, la adjudicación de la gestión de los seis a las empresas Sanitas, Ribera Salud e Hima San Pablo se paralizó gracias a los recursos judiciales interpuestos por la Asociación de Facultativos y Especialistas de Madrid (Afem), la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (Amyts). Su iniciativa fue apoyada por, entre otros, CCOO, CSIT, PSOE y UPyD.

En el otro lado de la balanza, miles de empleados del sector sanitario han perdido su puesto de trabajo como consecuencia de los recortes en Sanidad del Gobierno de Mariano Rajoy. Algo que también contribuyó el cierre de dos centros de Salud Mental de Madrid capital, el cierre del Instituto de Cardiología o la «externalización» de los servicios de limpieza y lavandería.

Médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, pacientes. Todos ellos son la Marea Blanca. Todos ellos han continuado saliendo a la calle al menos un domingo al mes y llenando hospitales y centros de salud de pancartas. Su indignación saltó de Madrid y ha recorrido toda España.Dijeron basta, se echaron a la calle y ni el frío, ni el calor, ni la lluvia les impidió hacerse fuertes. Con sus protestas, no sólo abrieron los ojos a la ciudadanía de las consecuencias de la privatización, sino que también consiguieron un respaldo que se ha traducido en una gran masa social que les ha acompañado, altibajos incluidos, en las diferentes movilizaciones.

Madrid renuncia a privatizar los nuevos hospitales públicos

Madrid renuncia a privatizar los nuevos hospitales públicos

  • El presidente de la Comunidad, Ignacio González, deja «sin efectos» la externalización de los hospitales Infanta Sofía, Infanta Cristina, Infanta Leonor, del Sureste, del Henares y del Tajo
  • El anuncio se produce tras la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de mantener la suspensión cautelar del proceso para evitar «graves e irreparables daños»
  • Los magistrados argumentan que los cálculos de ahorro de la Comunidad son «meramente estimativos e hipotéticos» y que «pueden no responder después a la realidad»

y además…

Lasquetty anuncia su dimisión

El consejero de Sanidad se va después de que el TSJM confirmara la suspensión de la externalización de seis hospitales públicos de la Comunidad de Madrid

¡¡VICTORIA DE LA SANIDAD PÚBLICA!!

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Yo elijo 100% pública

Campaña para luchar contra las derivaciones a la sanidad privada  que el gobierno de la Comunidad de Madrid están imponiendo a los ciudadanos y que contribuye a desmantelar la sanidad pública madrileña.

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http://www.mats-madrid.com/yo-elijo-100-publica/

El Estado del malestar

‘El Estado del malestar’, nuevo documental sobre la crisis y sus consecuencias sociales

El periodista valenciano Diego Gebelin resume en su nuevo trabajo cómo la crisis y su gestión por parte de Gobiernos y la troika han acabado con el Estado del bienestar en España y otros países de Europa

«El estado del malestar» es el resultado de un año de trabajo por las calles de Madrid, donde a través de pequeñas historias y de protagonistas de la actualidad en España, queda en evidencia cómo el proyecto de la Unión Europea, tal y como está planteado, funciona como una herramienta para terminar con el estado de bienestar, dentro de un sistema que busca dejar sin recursos a los estados de la Unión y a las poblaciones menos favorecidas, fortaleciendo a la banca y a instituciones que aunque no están al alcance del control democrático, como la troika comunitaria, sí están imponiendo políticas a los líderes de los diferentes estados de la Unión. Por último también es una denuncia a la iglesia católica por las subvenciones que recibe del estado y por el saqueo sistemático del territorio y el patrimonio español, por medio del recurso «legal» conocido como «la inmatriculación».
Documental producido y dirigido por Diego Gebelin.

622.700 parados más desde que Rajoy gobierna

Se presentaban como la «salvación» del país… Y engañaron y mintieron para llegar al poder.

España tiene 622.700 parados más desde que Rajoy gobierna

  • En el cuarto trimestre de 2013 el número de parados bajó en 8.400 personas y la tasa de paro se sitúa en el 26,03%.
  • Pero el año pasado también se destruyó empleo: se perdieron 198.900 puestos de trabajo.
  • El número de hogares con todos sus miembros en paro sube un 1,36%, hasta 1,832.300.
  • En los dos últimos años la población ocupada ha bajado en algo más de un millón y la activa ha descendido en 427.200 personas. La mayoría han emigrado al extranjero y otras han desistido de buscar trabajo.

Profesor, investigador, burócrata

Profesor, investigador, burócrata

Javier Mayoral
Profesor de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid

Hace unas semanas, a propósito de la corrupción política, un compañero de trabajo comentó: “ya no basta con saber a qué dedican el dinero de todos; ahora debemos exigirles además que expliquen con detalle qué hacen, cómo y cuánto trabajan, en qué tareas concretas emplean su tiempo”. Me parece que ese planteamiento general puede ser muy útil. Y no solo para los políticos. Porque la opacidad, letal en política, resulta también dañina casi en cualquier ámbito de la vida pública.

Pensemos, por ejemplo, en la enseñanza universitaria. ¿Sabemos de verdad a qué se dedica un profesor? ¿Sabemos cuántas horas reserva cada mes para preparar sus clases o para atender a los alumnos? ¿Sabemos cuánto y cómo investiga? ¿Lo sabe la propia Administración? ¿Lo saben los órganos de dirección de cada universidad? Me temo que todo esto se conoce. O al menos se intuye. Lo sorprendente es que aún no se haya generado un debate en profundidad sobre el modelo de profesor universitario al que parecemos estar abocados. Digo más: me extraña que nadie proteste, que todo permanezca en aparente calma, que continuemos simulando con dignidad y aplomo que nos esforzamos en enseñar –o en aprender– del modo más racional posible.

Se acaba de emplear un verbo de vital importancia: enseñar. En España, hasta hace unos quince o veinte años, el profesor universitario se ocupaba fundamentalmente de señalar el camino del conocimiento. Enseñar viene de insignāre: “señalar”, en latín vulgar. El trabajo del profesor consistía en guiar a los alumnos. La tarea docente resultaba esencial. La faceta de investigador quedaba en segundo plano. Era entonces facilísimo encontrar docentes que no investigaban. Ni mucho ni poco: sencillamente no dedicaban ni un solo segundo de sus vidas a la investigación. Para solucionar esa evidente deficiencia, las autoridades políticas y académicas consideraron necesario incentivar la producción científica en los centros universitarios.

Ese cambio, tan necesario y lógico, acabó por desatar una furia de estremecedoras consecuencias. Aquel profesor que ejercía antaño de maestro, a la vieja usanza, quizá debía transformarse y adaptarse a un nuevo entorno. Quién lo discute. Quién discute que era y sigue siendo necesario combatir el amiguismo, ese tráfico de favores que suele asociarse a la palabra “endogamia”. Lo que ocurre es que las autoridades políticas y académicas, buscando a toda velocidad investigadores, han establecido una serie de criterios que ignoran a los verdaderos profesores. Hoy ya no importa si te esfuerzas en enseñar o no te esfuerzas. Los méritos docentes no es que estén en segundo plano: es que han salido por completo de plano. Esta faceta, en comparación con la investigación, ha quedado relegada a una esfera personal, ética, individual: al buen profesor le preocupa enseñar, aunque en realidad nadie –excepto los propios alumnos, con un poco de suerte– vaya a premiar ese esfuerzo. Las autoridades políticas y académicas conceden a esta tarea docente una importancia absolutamente marginal. Hasta el punto de que, en muchos casos, estos méritos se miden solo a través de años de docencia. Curioso criterio: el mérito consiste en acumular trienios y quinquenios. Mientras tanto los alumnos pasan a ser actores secundarios, salvo en lo relativo al precio de las matrículas.

Para colmo de males, el profesor/maestro tradicional no se ha transformado realmente en profesor/investigador, como a veces quisiéramos suponer. Esa conversión, en tan poco tiempo y con tan escasos recursos, hubiera sido milagrosa. Nos hemos quedado en una mutación mucho más modesta. Una mutación –me atrevo a añadir– catastrófica: el profesor/maestro se está convirtiendo, lenta pero implacablemente, en un publicista/burócrata. Porque hoy el verdadero trabajo del supuesto investigador universitario consiste, no en enseñar a los alumnos (como parece obvio), sino en publicar artículos y en coleccionar citas. Los artículos deben aparecer en una selecta nómina de revistas. El valor del contenido de los textos no se evalúa: se delega en los criterios –muchos, a veces complejísimos– empleados para medir el “impacto” de las revistas académicas. La idealización de esas contadas cabeceras ha sido considerada alguna vez una absurda e ineficaz tiranía que poco tiene que ver con la verdadera ciencia. No obstante, incluso esa torpe sacralización podría resultar aceptable, como mal menor, si no fuera por la disparatada e infernal maquinaria burocrática, llena de recovecos y picarescas, que finalmente se ha desatado. Como resultado de todo lo anterior, el profesor universitario no es ya un guía para los alumnos, ni tampoco un investigador en sentido estricto, sino más bien un mero administrador de su propio currículum.

Ese gran laberinto burocrático es un magnífico lugar para perderse. Y para dejarse seducir por el utilitarismo. El único problema es que alguien –como quizá acabe ocurriendo con los políticos– nos pregunte un día a los profesores: ¿a qué os dedicáis? ¿En qué tareas concretas empleáis vuestro tiempo? ¿Cómo, cuánto y en qué trabajáis? Por eso, preventivamente, confieso aquí que me parece disparatado imponer un solo modelo de profesor universitario empeñado en  (obsesionado con) investigar. Confieso además que me parece un dislate entender que solo determinado tipo de trabajos publicados en determinado tipo de revistas merece cierta consideración. Confieso que me avergüenza ir coleccionando citas por doquier, y perder tanto tiempo en esa recolección, para demostrar que mis publicaciones son meritorias. Confieso que alguna vez he dejado sin destacar algún libro recién publicado: nadie lo había citado aún. Confieso que me ruboriza comportarme así, sometiéndome a esta clase de criterios contables.

Confieso también que el pasado mes de diciembre dediqué diez veces más tiempo a organizar mi currículum (para solicitar un sexenio de investigación) que a preparar clases. Confieso que incluso asistí a un curso para dominar las herramientas informáticas y conocer algunos de los criterios utilizados en este tipo de convocatorias. Confieso que estuve en varias ocasiones a punto de pedir ayuda a profesionales. No me refiero a psicólogos, sino a expertos que han estudiado todos los decretos y todas las normativas necesarias para sobrevivir a tan formidable burocracia. Sí, han leído bien: hay empresas que, por una respetable cantidad de dinero, liberan a los profesores del yugo burocrático que los atormenta. En mi caso, cuando quise decidir, esa empresa había colgado en su página web el siguiente mensaje: “Estamos desbordados y no aceptamos gestionar más solicitudes de sexenios”.

Confieso, por último, que he perdido horas y horas (y más horas) atrapado en páginas web de ministerios u organismos de evaluación, en manuales que muy amablemente pretendían explicar lo inexplicable, en aplicaciones informáticas de mi propia universidad… Confieso que a veces, mientras analizaba los índices de impacto de no sé qué revista, me he acordado de aquellos alumnos que no estudian la materia de una asignatura, sino más bien las artimañas que les permitirán aprobar y olvidar el mal trago cuanto antes. Confieso con cierto pudor que un día, hace apenas unas semanas, me sentí aprisionado por una inhumana aplicación informática que se negaba a guardar correctamente la información de una página. Aprisionado primero (durante varias horas) y ridículo después, cuando advertí que el fallo estaba en la pestaña denominada “tipo de vía”, en la sección de “datos personales”. Torpe e ingenuo de mí: había escrito “calle”, sin más. La aplicación informática no daba por buena esa información. Tampoco permitía seguir adelante. Ni siquiera explicaba qué ocurría. Casi por azar descubrí que el terrible error consistía en no haber especificado si mi domicilio se hallaba en “calle”, “calleja” o “callejón”.

Decidir nos hace libres

Campaña contra la reforma de la Ley del aborto protagonizada por rostros de la cultura y la política en España.

http://www.decidirnoshacelibres.org/

Versión en español:

Versión en español con subtítulos en inglés:

Versión en español con subtítulos en francés: