Las universidades públicas ganan en investigación e innovación

Las universidades públicas ganan en investigación e innovación

Los campus privados españoles destacan en docencia, según la Fundación BBVA

Madrid 16 MAR 2015 – 20:45 CET

Los campus públicos españoles investigan y producen innovación y desarrollo tecnológicos en mayor medida que las universidades privadas. Estas últimas, en cambio, destacan en docencia. Son algunas de las conclusiones del informe U-Ranking que en su tercera edición ha incorporado 11 campus privados para analizar la producción de sus facultades en relación con los medios que emplean para ello.

Frente a las grandes clasificaciones internacionales que analizan sobre todo las variables de investigación y en las que solo figuran en puestos intermedios los centros públicos españoles, el informe de laFundación BBVA presentado este lunes analiza también aspectos mesurables de la docencia. Se fija, por ejemplo, en el número de profesores o la cantidad de presupuesto por cada alumno, el número de doctores por cada 100 estudiantes, la tasa de éxito (asignaturas aprobadas) o de abandono (cuántos estudiantes dejan la carrera antes de acabarla).

Entre las conclusiones, destaca que las universidades públicas son más productivas en general que las privadas y encabezan los resultados sobre todo en investigación y transferencia tecnológica frente a las privadas, que en docencia superan la media en un 10% y ocupan siete de los 11 primeros puestos de la clasificación.

La Universidad de Barcelona (pública) sobresale como la más productiva en investigación, seguida de otras dos catalanas —la Politécnica de Cataluña y la Pompeu Fabra—, según el trabajo elaborado con el IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas) y con expertos en evaluación de 12 universidades españolas.

La tercera edición del U-Ranking incluye por primera vez 11 universidades privadas (de un total de 30)

En productividad docente, comparten el primer puesto las privadas de Deusto y Navarra, seguidas de la Pompeu Fabra y Ramon Llull, que coinciden en puntuación en el segundo lugar (ver cuadro superior). Las mejores en innovación y desarrollo tecnológicos son la Politécnica de Cataluña y la Politécnica de Valencia.

Las 14 universidades con más investigación son públicas, en un listado en el que solo dos universidades privadas aparecen entre las 25 primeras, situándose un 40% por debajo de la media del sistema. Ocho de las 10 primeras en desarrollo tecnológico e innovación son públicas frente a un nivel medio de productividad de las privadas un 20% inferior.

Por comunidades, Cataluña, Navarra, Cantabria, la Comunidad Valenciana, Madrid y las Islas Baleares son las regiones que superan la media de productividad. Francisco Pérez, director del trabajo y catedrático de la Universidad de Valencia, destacó que la diferencia es directamente achacable a las políticas de cada región: “No todas tienen los mismos recursos ni gastan en universidades con igual intensidad”.

La tercera edición del U-Ranking incluye por primera vez 11 de las 30 universidades privadas que se suman a 48 de los 52 campus públicos españoles. Para el trabajo emplea 25 indicadores y solo ha puntuado a aquellos centros que disponen de datos de al menos 18 de ellos.

El trabajo señala que los recortes en plantilla y recursos —un 5,8% menos de personal entre 2010 y 2013 y 600 millones de euros menos en recursos, según los investigadores— han afectado al volumen de productividad en las universidades públicas respecto a la edición del año pasado. Destaca un descenso de la producción en un tercio de las universidades públicas —16 empeoran, 27 lo mantienen y 5 lo mejoran— y lo achaca al menor presupuesto sobre todo en actividades de investigación y transferencia (innovación tecnológica).

Francisco Pérez explicó que las universidades necesitan una financiación estable para funcionar y recordó que sus recursos suponen un 1,3% del PIB frente al 1,4% de media de los países de la UE. El trabajo recalca que “las importantes diferencias existentes en las posiciones” en función de cada una de las tres variables “advierten del sesgo que pueden generar los rankings generales que se basan solo, o fundamentalmente, en indicadores de investigación”.

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Despedida de una científica que está haciendo las maletas

Tras cinco años en España, con un contrato Ramón y Cajal, el desplome de la I+D impone de nuevo la emigración a Estados Unidos

Estimado Sr. Presidente,

Aprovechando el periodo estival, y para minimizar los costes de mi próximo traslado trasatlántico, estoy haciendo limpieza de mi oficina en el CSIC y me gustaría devolverle algunos documentos que ya no voy a necesitar.

Adjunto le devuelvo el certificado oficial de haber superado positivamente la evaluación del Programa I3, el Programa de Incentivación de la Incorporación e Intensificación de la Actividad Investigadora. Agradezco el detalle del Ministerio de Economía y Competitividad pero, en el contexto actual de la investigación en España, no entiendo los conceptos “incentivación”, “incorporación” e “intensificación” (tampoco el de “actividad investigadora”, más allá de la basal). Gracias de todos modos por comunicarme que soy “apta” para investigar; del feedback de la comunidad científica uno no se puede fiar.

Así mismo le devuelvo la homologación española del título de doctor que obtuve en EEUU y la docena de documentos necesarios para su trámite. Todos los documentos vienen con la apostilla de la Haya y las consiguientes firmas del Gobernador del Estado, traducciones oficiales y copias compulsadas con las firmas del Cónsul español en Nueva York. Se incluyen las descripciones detalladas de todas las asignaturas cursadas, que resultaron de mucho interés tanto para el Gobernador como para el Cónsul. Afortunadamente España lidera la cruzada de las homologaciones. Fuera de nuestras fronteras cualquier título original vale, un verdadero escándalo.

El documento que guardo con más cariño, y que también le devuelvo en este envío, es el BOE que describe mi contrato bajo el programa Ramón y Cajal. Subrayado en amarillo encontrará el párrafo donde se detalla el compromiso explícito de, superadas las evaluaciones pertinentes, convocar una plaza con el perfil del investigador contratado. Fue ese párrafo el que me hizo poner fin a más de una década en EEUU. También le devuelvo otro BOE, el de la Ley de la Ciencia, que reafirma ese compromiso de estabilización laboral, introducido precisamente por su grupo parlamentario en el Senado. Le envío esos documentos en una bolsa hermética, son puro papel mojado.

Por el mismo conducto le envío las 700 páginas de certificados y documentos que tenía preparados para el día en que se convocara una plaza con mi perfil, algo que nunca ocurrió. Es la documentación requerida para acreditar la veracidad de mi currículum. Recopilar esa documentación fue una labor de investigación tremendamente gratificante. Sepa usted que en los muchos trabajos que he solicitado fuera de España la documentación requerida es algo más escueta, aproximadamente de 10 páginas: un plan de trabajo y un breve currículum, que no hay que justificar porque la comunidad científica opera con un código de honor. Si quiere un día se lo explico. Sepa usted también que nunca he podido presentarme a una oposición en una universidad española por no tener la acreditación de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, acreditación que, por otro lado, sólo se consigue si uno tiene una vinculación previa con una universidad española. Es curioso que ni la Universidad de Princeton ni la Universidad de California en Berkeley, donde hice hace unos años sendas entrevistas de trabajo para plazas de profesor, echaran en falta dicha certificación de aptitud. Quizá la permeabilidad tenga algo que ver con la excelencia, ahora que estamos tan preocupados por los rankings internacionales.

También le devuelvo la carta que la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología tuvo el detalle de enviarme hace unas semanas a mi antigua dirección en la Universidad de Princeton. El objetivo de dicha misiva es realzar la “marca España” con un programa denominado “Ciencia Española en el Exterior”. Sepa usted que me trasladé a España hace cinco años y cuando emigre próximamente la ciencia que haga ya no será española, ni será gracias a España; seguiré haciendo ciencia a pesar de España. No se molesten en enviarme esa misma misiva a mi nuevo centro de trabajo en NASA. Ese esfuerzo ímprobo que han realizado ustedes para localizar a investigadores españoles en el extranjero, que ha llegado incluso a recopilar los viejos correos electrónicos de los que habíamos regresado hacía años, podrían canalizarlo en contactar con los investigadores que todavía están en España y cuya permanencia en el país pende de un hilo. Quizá sea interesante evaluar el alcance del problema, analizar las causas y diseñar una estrategia para buscar soluciones. ¿Cómo, que no sabe a qué problema me refiero? Al de la fuga de cerebros, esa realidad sangrante que su equipo describe como un “topicazo”. Les sugiero un nuevo eufemismo para su colección: inquietud laboral.

Ya se que tiene usted copia porque la dejamos en el Registro de Entrada, pero permítame enviarle de nuevo el CD con las 50.000 firmas de la primera Carta Abierta por la Ciencia y otro con las 80.000 firmas de la segunda. Y una sugerencia: en la verja del Ministerio de Economía y Competitividad, cuyas puertas cerraron a cal y canto el pasado 14 de junio ante la llegada de la mayor manifestación de investigadores en la historia de España, tenga usted disponible, por favor, un rollo de celo. Lo digo para que podamos pegar en la verja la siguiente carta abierta por la ciencia, como pasó con nuestra última carta. O ponga usted un corcho. Entiendo que ambas cosas, el celo y el corcho, excedan el presupuesto de la I+D(*) en España; nos apañamos con uno u otro.

También le devuelvo todas las afirmaciones que su equipo ha hecho de cómo España sigue apostando por la I+D(*). Deduzco que esa apuesta fue hecha en Eurovegas y perdimos. Le devuelvo esas afirmaciones con el mismo afecto con que las recibimos. En realidad usted personalmente no miente, porque no ha dicho nada, absolutamente nada al respecto. Pero aquí le envío los contactos de los 156 periodistas nacionales e internacionales con los que hasta ahora he tenido el placer de hablar sobre su política científica, por si algún día se decide a decirles algo sobre este asunto. Somos todo oídos.

En este abultado envío también le adjunto mi certificado de empadronamiento y dudo si devolverle o no el pasaporte de mi hija de nueve meses; tiene doble nacionalidad pero nuestro futuro en España es tan incierto que me pregunto si volverá a necesitar el pasaporte español. Ahí le van. Se los envío con un nudo en la garganta, el nudo doble de los que se enfrentan a la emigración por segunda vez.

Por último, y a cambio de todos estos documentos que le devuelvo, le pido tan sólo una cosa: devuélvame usted mi dignidad como investigadora, y en el mismo envío, si no le es mucha molestia, devuélvasela a toda la comunidad de investigadores en España, y no se olvide de los de humanidades.

Mariano, durante su legislatura la investigación en este país se está hundiendo irremediablemente hacia el abismo de la fosa de las Marianas. Y si bien es cierto que nuestros colegas científicos han descubierto que hay vida allá abajo, sepa usted que es bacteriana.

Un cordial saludo,

Una investigadora.

(*) P.S. I+D significaba Investigación y Desarrollo.

Amaya Moro-Martín es investigadora Ramón y Cajal del CSIC y promotora de la Plataforma Investigación Digna

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